El documento, leído por el ministro de Finanzas chino, Lou Jiwei, también destaca otros factores negativos para la economía mundial como "los conflictos geopolíticos, el terrorismo y los flujos de refugiados, que complican el entorno económico mundial".
Otros factores de inestabilidad en el panorama global son la fuerte fluctuación de las materias primas y la baja inflación en algunos países, elementos todos ellos que dejan una economía mundial "más débil de lo deseable", en la que "los beneficios del crecimiento deben compartirse mejor" entre distintos gobiernos.
Para hacer frente a todo ello, el G20 reunido en Chengdu se ha comprometido a usar "todas las herramientas políticas monetarias, fiscales y estructurales, individual y conjuntamente, para lograr la meta de un crecimiento fuerte, sostenible, equilibrado e inclusivo".
"La política monetaria en solitario no puede conducir a un crecimiento equilibrado", se advierte en la declaración final, donde se subraya además que movimientos volátiles y desordenados en las tasas de cambio pueden tener "implicaciones adversas para la estabilidad económica y financiera".
El documento reconoce los problemas de exceso de capacidad en algunos sectores industriales como el acero, "que han causado un impacto negativo en el comercio y los trabajadores", en un momento de crecientes tensiones de mercados siderúrgicos tradicionales como China, EEUU o el Reino Unido.