El inicio de 2019 estuvo marcado por el temor de los inversores a una nueva recesión que pondría punto y final a uno de los periodos de crecimiento económico global más largos de la historia. Sin embargo, todo apunta a que esos miedos se han desvanecido y que 2020 será un año en el que el crecimiento continuará a un ritmo lento, pero seguro.
Esa premisa es totalmente aplicable a Estados Unidos. Es cierto que en los últimos 24 meses hemos pasado de un crecimiento del 3% al 2% y aunque en términos porcentuales se trata de una cifra importante, no lo es en términos absolutos. Todavía seguimos creciendo.
Podría pensarse que esta desaceleración se debe al conflicto comercial que mantiene el país con el resto del mundo, aunque no sería del todo correcto. Este proceso ha coincidido con el proceso de normalización monetaria de la FED que se ha traducido, entre otras medidas, con la subida de los tipos de interés.
Un precio del dinero más elevado genera una caída en la demanda de automóviles y vivienda, dos sectores cruciales para la economía de EEUU. Por lo tanto, si estas dos industrias reciben esa presión por parte de los tipos de interés se produce algo de caída en el resto de la economía. Además, el año pasado la economía recibió un “bonus” fruto de la rebaja fiscal que provocó una mejora del PIB y que no se repetirá este año.
Todos estos factores han provocado que la economía se desacelere un poco y la FED ha reaccionado rebajando los tipos de interés, lo que de forma eventual se trasladará a la economía.