El Banco de España ha analizado en su informe anual la situación de la economía de nuestro país, así como las perspectivas a medio plazo, sus retos y sus fortalezas. La recuperación de la economía española se ha producido sobre todo apoyada en el incremento de la actividad y el empleo.
Señala que la economía española se ha visto favorecida por los ajustes y reformas puestos en marcha “en la primera mitad de esta década”, además de las políticas de demanda, tanto la fiscal como la monetaria, y los denominados “vientos de cola”. No obstante, la mejora de la competitividad y la internacionalización han sido las claves del crecimiento de nuestro país.
En ese sentido, el organismo español considera que la economía española cuenta “con ciertos elementos de soporte” que sirven para reforzar la fase de expansión. Estos son la citada mejora de la competitividad, el desapalancamiento de las familias y empresas, así como la reestructuración de las instituciones financieras.
A pesar de esas fortalezas, el Banco de España cree que la actividad económica sigue enfrentándose a vulnerabilidades como el “elevado endeudamiento público”. Advierte de que el déficit se ha reducido por efecto del ciclo económico positivo y no por “la adopción de medidas estructurales”. Desde el punto de vista de la institución, “es urgente acometer un proceso de consolidación presupuestaria” que sirva para posibilitar un mayor margen de la política fiscal en el futuro.
Por otro lado, apunta que la recuperación no ha favorecido por igual a todos los sectores sociales. Aunque la generación de empleo haya propiciado el aumento de la renta per cápita en un 14%, la brecha con respecto a la zona euro “apenas se ha corregido”, desde el 26% en 2014 hasta el 24% en 2018.