Las empresas de gestión de activos ayudan a los inversores a diversificar su activos; esta industria también puede actuar como "repuesto" para financiar la economía real cuando los bancos se encuentran bajo presión; además, estos fondos, en comparación con las entidades, son menos propensos a incumplir con sus obligaciones pues los inversores finales soportan tanto las pérdidas como las ganancias derivadas de su actividad.
Sin embargo, el Fondo Monetario Internacional (FMI) advierte que el debate sobre los posibles riesgos de esta industria se han intensificado "por su crecimiento, su mayor foco en bonos menos líquidos y por la preocupación, en algunas economías avanzadas, muchos han comprado activos similares, mientras que los bancos se han retirado de la creación de mercado", afirma Gaston Gelos, jefe de la división de análisis de estabilidad financiera global del organismo.
En particular, llama la atención sobre la inversión en bonos de mercados emergentes y high yield corporativos: "Esto ha aumentado la desigualdad entre la liquidez de los activos y pasivos de los fondos, ya que muchos permiten que se amortice en base diaria". Si se produjeran grandes amortizaciones por un evento externo, como por ejemplo una rápida subida de los tipos de interés en Estados Unidos, podrían tener un impacto generalizado, especialmente si los bancos no pueden o no intervienen proporcionando liquidez en tal situación.
Así las cosas, es importante distinguir conceptualmente los riesgos que se derivan de la presencia de los fondos de aquellos que existirían incluso en su ausencia, es decir, si los inversores compraran directamente los activos. Dicho esto, el FMI identifica cuatro "peligros" principales:
Las inversiones en fondos afectan al precio de los activos, especialmente en los mercados menos líquidos como los de deuda emergente. "Los precios de los activos concentrados en fondos de inversión caen de manera más brusca durante los periodos de nerviosismo", señala el organismo.