Desde hace semanas, General Electric (BBB+) acapara la atención de los mercados de deuda con grado de inversión y high yield, tanto en Estados Unidos como en Europa.
El histórico conglomerado estadounidense General Electric llegó a ser la mayor empresa por valoración del mundo en 2001, con una capitalización de más de 500.000 millones de dólares y ahora parece llegar al final de su ciclo. El grupo también es uno de los más complejos, con operaciones a escala internacional en una docena de segmentos distintos y con una filial de servicios financieros de tamaño considerable, GE Capital, con una estructura intrincada y un volumen de deuda muy importante.
Con un endeudamiento de 115.000 millones de dólares, General Electric es el emisor número 10 del segmento de grado de inversión en Estados Unidos (índice BoA). Además de la carga de deuda, el grupo ha dotado provisiones por valor de 22.000 millones de dólares para una investigación en curso de la SEC y tiene 12.000 millones de dólares de deuda que vencen este 2019. Todas estas circunstancias han suscitado una fuerte incertidumbre sobre la situación del grupo, que ha provocado una caída de sus bonos de 10 a 20 puntos en dos meses y una pérdida de la mitad del valor de sus acciones (-56 % desde enero). Actualmente, la deuda del grupo se negocia al precio de un bono de calificación B (inversión altamente especulativa).
La situación del grupo preocupa a todo el mercado de deuda high yield debido al peso sistémico que representa la compañía. Dado el volumen de la deuda de General Electric, si se reclasificara a la categoría especulativa, es decir, una rebaja de tres escalones, sería el mayor emisor con un peso del 3,7% en el índice. Los participantes del mercado están de acuerdo en que al mercado high yield le costaría mucho absorber un volumen tan elevado de deuda.
No obstante, no prevemos que General Electric pase a la categoría de bono basura a corto y medio plazo, por varios motivos: