La innovación es clave en el desarrollo humano. Es la innovación la que mejora nuestra calidad de vida y nos permite superar los problemas que van surgiendo, como ocurrió durante el Covid. La transformación digital de la sociedad permitió que todo funcionara durante el obligado confinamiento, mientras que los avances médicos vencieron a la enfermedad.
El FMI considera que la digitalización -la mayor innovación registrada hasta ahora- es la principal baza para superar la exclusión social y financiera. Pero esto debe ser compatible con que cada uno la asuma en función de su disposición y posibilidades. Aquí también debemos aunar esfuerzos como sociedad para reforzar la capacitación digital y seguir ofreciendo el mejor servicio para no dejar fuera a nadie.
Los bancos lo tienen claro y avanzan según esta premisa, ya que la innovación está en su ADN. Por ello realizan intensos y constantes esfuerzos de adaptación al entorno y a los cambios de hábitos de los consumidores, que son el centro de su estrategia.
El desarrollo y aplicación de los modelos basados en la gestión de datos y la inteligencia artificial ya son elementos fundamentales para mejorar los servicios financieros, haciéndolos más eficientes y ajustados a las necesidades de los clientes. En este proceso también se está reforzando la seguridad de las operaciones y la privacidad de la información, cuestiones relevantes en la relación de confianza entre el banco y sus clientes.
Los bancos no solo impulsan la revolución digital de la sociedad, también desempeñan un papel clave en la revolución verde. La innovación, como es el caso de la digitalización, es imprescindible en el desarrollo, pero ha de ser compatible con dejar un futuro mejor a nuestros hijos.