Cuando uno observa la rentabilidad de un fondo durante un periodo de tiempo, la rentabilidad que ve no es la rentabilidad del inversor medio en ese fondo. ¿Por qué? Porque la rentabilidad de un fondo es un rendimiento ponderado por el tiempo. Esto significa que asume una única inversión realizada al principio del periodo y mantenida hasta el final.
Pero la realidad para el inversor medio es más compleja. Este inversor medio puede haber realizado varias aportaciones al mismo fondo y también puede haber efectuado varios reembolsos. Su rentabilidad es una rentabilidad que debe ponderarse, no por el tiempo, sino por los flujos. En consecuencia, los periodos en los que los inversores tengan más dinero invertido en el fondo tendrán más peso en la rentabilidad que los periodos en los que hay menos dinero invertido.
La comparación entre la rentabilidad de los fondos y la de los inversores es lo que medimos en el informe "Mind the Gap" de Morningstar.
Casi un 2% anual en 10 años
El último estudio (sobre el mercado estadounidense, con datos hasta el 31 de diciembre de 2022) muestra que los inversores ganaron aproximadamente un 6% anual (en dólares) en los últimos 10 años con sus fondos y ETF, lo que supone 1,7 puntos porcentuales menos que la rentabilidad total obtenida por esos vehículos de inversión.
Este déficit, o brecha, se debe a compras y ventas mal programadas, que han costado a los inversores alrededor de una quinta parte de la rentabilidad que habrían obtenido si simplemente hubieran comprado y mantenido sus participaciones.