Hace una semana Donald Trump logró recortar ligeramente los precios del crudo al afirmar que la OPEP debería trabajar para reducir los precios. El petróleo acumula en lo que va de año una rentabilidad superior al 30%, y el pasado mes alcanzó máximos anuales, cerca de los 75 dólares por barril. No es la primera vez que el presidente norteamericano incita al cartel a abaratar los precios de la energía, sin embargo, los principales países de Oriente Medio no parecen estar por la labor.
En los últimos años, los EEUU se han convertido en el principal productor mundial de petróleo, llegando a ser autosuficiente e incluso retomar las exportaciones. Trump quiere un petróleo barato, para que los precios de la gasolina no superen los 3 dólares por galón, y para favorecer a la industria, sin embargo, precios más altos favorecerían la explotación del fracking.
Esta técnica es más cara que las convencionales, por lo que requiere de unos precios más elevados para ser rentable. Durante 2008, cuando el barril cotizaba sobre los 100 dólares, los productores norteamericanos incrementaron masivamente la oferta gracias a esta técnica. Durante los últimos años, a pesar de que EEUU ha aumentado notablemente la producción, no ha logrado compensar los recortes de la OPEP y sus socios.
En el último año, las sanciones impuestas por Donald Trump sobre Irán y Venezuela no han hecho más que reducir todavía más la oferta de petróleo, favoreciendo la reciente subida de los precios. De hecho, en la última semana la producción de Irán, que es unos de los mayores productores mundiales podría verse aún más limitada, ya que EEUU pretende eliminar las exenciones a ciertos países a los que les permitía seguir comprando petróleo iraní.
Arabia Saudí ya ha afirmado que está preparada para llenar este vacío y poder suministrar petróleo a los países demandantes, principalmente China, Japón y la India. Este último, es el país que esta incrementado la demanda de petróleo a un ritmo más rápido.