Las principales entidades financieras de todo el mundo son conscientes de que la reputación es uno de sus principales activos. Es un valor que ha sufrido con la crisis y también con los distintos escándalos que se han desvelado a lo largo de los años.
En el caso de los bancos europeos los costes han ido más allá del prestigio, hasta el bolsillo. Las entidades del continente se han enfrentado a multas de más de 16 mil millones de dólares desde 2012 hasta 2018, según calcula la agencia norteamericana de calificación Moody’s. En concreto, dicho importe asciende a los 16.455 millones de dólares, unos 14.600 millones de euros.
Las infracciones de las que se acusa a estos bancos tienen que ver con el blanqueo de dinero o por eludir sanciones comerciales. No obstante, la cuantía de las multas ha hecho que ciertos bancos se replanteen sus estrategias.
Como explica Sean Marion, director general de la agencia, “en algunos casos, los supervisores han ofrecido a los bancos procesos judiciales aplazados a cambio de un periodo de supervisión regulatoria adicional, durante el que deben mejorar su riesgo y sus marcos de gobernanza”.
Lo bueno de la toma de medidas por parte de los bancos es que se realiza “una inversión sostenida a gran escala en sus funciones de cumplimiento y operaciones”, prosigue Marion. De ese modo, se produce un efecto positivo en el crédito, aunque “puede afectar a la rentabilidad”. En todo caso, “la mayoría de las multas han sido más bajas que los beneficios”, recoge la firma estadounidense.