Como los peces de colores en un estanque dicen que traen mala suerte, las críticas con ideales de objetividad suscitan interpretaciones erróneas.
La crítica a un sistema de políticas tributarias -como las recientemente adoptadas en España-, cuando se limita a señalar las carencias de tales medidas o el hartazgo de quienes las padecen, no pretende un posicionamiento ideológico, sino incidir sobre los errores cometidos con la sana intención de intentar mejorar el sistema.
Quien con su lectura establece paralelismos con determinados movimientos políticos o asimetrías respecto a otros, sólo reafirma la pésima formación en valores y conocimiento que sufre la sociedad española en los últimos años, carencia que con el paso del tiempo agrava sus consecuencias y nos acerca al analfabetismo funcional.
Las promesas contenidas en los programas políticos, en las campañas electorales, en las luchas de poder y en los populismos efervescentes no son más que promesas vanas, de fácil olvido. En el ejercicio del poder ejecutivo, la potestad legislativa y en el respeto de la independencia del poder judicial se reflejan los intereses y la valía reales de nuestros políticos.
Al poder judicial lo saturan con sus escándalos, tanto los que pertenecen al partido gobernante, como la mayoría parlamentaria en la oposición y las minorías exultantes. Dejando para otro momento el análisis sobre su independencia, habrá que incidir en el Respeto: a la legalidad a la que estamos sometidos todos y cada uno de los habitantes del Estado español y al proceder en la labor que corresponde a los jueces.