El contexto económico global para 2019 parece revestir mayores complejidades a medida que nos acercamos a las últimas fases de este ciclo económico. Por eso, es momento de ver si hay atractivo dentro de mercados como es el caso de las bolsas del viejo continente. El horizonte económico se ensombrece a medida que nos adentramos en 2019, lo que recientemente ha desembocado en una volatilidad exagerada.
Según Rory Bateman, responsable de renta variable para Europa y Reino Unido de Schroders las inevitables incertidumbres políticas en Europa pueden ofrecer a los inversores «oportunidades para adquirir valores de forma selectiva con precios atractivos». Actualmente, la confianza internacional hacia la renta variable europea muestra un escepticismo extremo debido «a las inquietudes en torno al Brexit y a los presupuestos italianos».
La historia de los mercados de renta variable demuestra que los momentos de sentimientos extremos pueden constituir una buena «oportunidad para adoptar un enfoque a contracorriente». Así pues, algunos inversores deberían plantearse estructurar «una asignación táctica a corto plazo a la renta variable europea».
En opinión de Martin Skanberg, gestor de fondos de renta variable europea de la misma casa, el posicionamiento de los mercados ha pasado a ser muy defensivo: los inversores priorizan la aparente seguridad de los sectores, «como el consumo básico, frente a aquellos más estrechamente relacionados con el ciclo económico, como el industrial».
Los sectores como el hardware tecnológico o el automovilístico están valorados a unos niveles que implican que»nos encontramos en ligera recesión». No obstante, la economía estadounidense registra un comportamiento positivo y la de la zona del euro sigue expandiéndose, si bien más lentamente que a principios de 2018. El posicionamiento marcadamente defensivo del mercado podría «revertirse con celeridad».