La inédita reunión entre los adversarios de la Guerra Fría es apenas un primer paso hacia la normalización de las relaciones, un plan que incluye la reapertura de embajadas, retirar a Cuba de la lista de países que patrocinan el terrorismo y el levantamiento de un embargo sobre la isla.
Más de 2.000 periodistas de todo el mundo acudieron a la cita en Panamá que por primera vez congrega a todos los países del continente, lo que ha generado muchas esperanzas de que el encuentro abra un nuevo capítulo en las relaciones regionales.
Durante la intervención ante el resto de mandatarios, tanto Obama como Castro dejaron entrever el tono en el que mantendrían su encuentro. El presidente estadounidense intervino primero, declarando que, estaba seguro que "Castro estará de acuerdo de que vamos a tener importantes diferencias", y añadió: "creo firmemente que podemos aprovechar este momento" para abrir una nueva era en las relaciones bilaterales y hemisféricas.
Obama también dijo que su país "no será prisionero del pasado" con Cuba, que es hora de "mirar hacia el futuro" y que este "momento histórico" marca un "punto de inflexión para toda la región".
"Ya era hora de que yo hablara aquí en nombre de Cuba", arrancó su intervención el presidente Raúl Castro, que duró 48 minutos, 40 más que la del resto porque según el mandatario "se lo debían" de todos los años que no se ha invitado a Cuba a la Cumbre.