Los mercados han atravesado turbulencias generadas por el incremento desmesurado de la volatilidad. Esta en los mercados globales de acciones ha llegado a un nivel que no se veía desde la crisis financiera global de 2008. Según explica Jacques Henry, estratega de distribución de activos Pictet WM, la buena noticia es que la volatilidad es un proceso «de retorno a la media, así que una subida suele ser una buena oportunidad de compra de acciones».
No obstante, los inversores deben tener en cuenta que los ajustes de volatilidad llevan tiempo y son asimétricos: «la volatilidad puede dispararse absoluta y repentinamente antes de disminuir más gradualmente».
Además, esta liquidación, para el experto, resulta inusual. En primer lugar, acciones y bonos «han llegado a corregir simultáneamente, lo que es poco habitual, pues el bono a diez años del Tesoro de EEUU ha mostrado rentabilidad negativa en solo en seis de las últimas 25 liquidaciones en renta variable. Estos bonos tampoco protegieron a los inversores en la pronunciada caída de mayo-junio 2013 con la retirada de estímulo monetario de la Reserva Federal. Además, sólo un tercio han sido más severas en EEUU que en Europa y esta vez la corrección en el índice de acciones S& P500 de EEUU ha llegado a ser 10% desde máximos de 26 de enero a 8 de febrero, pero 7,4% en el índice Stoxx Europe 600».
A ello se añade que la amplitud de la corrección está muy por encima de los niveles de los dos últimos dos años. Por el índice CBOE la volatilidad partía de un nivel muy bajo de 2017, entre 10 y 12 y ha llegado a un máximo intradía de 50,3 el 6 de febrero, «sin estar asociado a riesgo sistémico exógeno alguno. Por otra parte, la estructura temporal de la volatilidad en EEUU se ha invertido, siendo el precio de contratos a futuro mayores a corto que largo plazo, a diferencia de en Europa y Japón, cuando suele ocurrir lo contrario».
Por ello consideramos que hemos entrado en un nuevo régimen.