Hace una semana los dirigentes europeos se aplicaron en anunciar la firma de un acuerdo histórico para la Unión. La vehemencia de los líderes se explica tanto por el tamaño del plan propuesto (1,8 billones de euros) como por su financiación con deuda, un hito difícil de imaginar hace unos meses.
Como afirma un portavoz del Comité Económico y Social Europeo (CESE) a DIRIGENTES, otro de los motivos de tanto entusiasmo es que el plan se ha aprobado «en menos de dos meses» desde la propuesta de Ursula von der Leyen, en comparación con otras largas e infructuosas negociaciones en Bruselas. La rapidez y la contundencia del plan servirá para «preparar el camino para una recuperación y relanzamiento europeos».
Así, desde el ejecutivo comunitario se espera que las instituciones europeas se fortalezcan. También se expresó en esos términos el presidente del Consejo Europeo, Charles Michel, quien calificó el acuerdo como «señal de confianza» y una muestra de «la magia del proyecto europeo» a la hora de cooperar.
Se marca como otro éxito que más de la mitad del presupuesto para los próximos siete años se destina a «políticas modernas», como la transición ecológica y digital. Para hacer frente a este aumento del presupuesto se van a introducir nuevos impuestos (plástico, Tasa Google e impuestos verdes), lo que fuentes de la Comisión Europea consultadas por DIRIGENTES acogen con «satisfacción». Sin embargo, esas mismas fuentes afirman a este medio que «también hay resultados menos positivos».
En particular, se señalan los recortes en programas como Erasmus, investigación, defensa, sanidad, digitalización y desarrollo rural, lamentan desde el organismo que preside von der Leyen. Sin embargo, se excusa el recorte de esos planes por la ausencia de Reino Unido y su aportación: «Esto nunca iba a ser fácil, comenzando estas negociaciones con un agujero de 70 mil millones que dejó la salida del Reino Unido», comentan en la Comisión.