La exigencia a las organizaciones en materia de Diversidad, Equidad e Inclusión (DEI) no para de crecer y la disponibilidad de talento en el mercado solo existirá para las empresas que estén adaptadas a las necesidades del presente y comprometidas con su impacto social.
Según el informe People at Work 2022: una visión sobre el equipo humano global, más del 75% de las personas se plantearían buscar un nuevo empleo si se enteraran que en su empresa existe brecha salarial por razón de género o no hay una política de diversidad e inclusión. El porcentaje se eleva hasta superar el 80% si nos centramos en la población de 18 a 24 años. Ello implica que, como mucho en tres años, contratar profesionales jóvenes será muy complicado para organizaciones que no hayan dado pasos firmes en materia de DEI.
Es más, en el último estudio de Employer Brand Research de Randstad, se confirma que el 64% de las personas que respondieron y tienen entre 18 a 24 años, no consideran el sueldo el elemento principal a la hora de aceptar un puesto de trabajo. La generación Z, concretamente, valora positivamente las empresas con buena atmósfera en las que se favorece la socialización, la integración y la diversidad.
Es evidente que el salario emocional juega un papel clave en la motivación de los perfiles más jóvenes en particular, aunque también de la población en general, y la percepción que la gente tenga sobre la empresa será cada vez más determinante a la hora de aceptar un empleo. De hecho, en el estudio del año anterior, Employer Brand Research 2021 de Randstad, ya se confirmaba que el 96% de profesionales entendía que tener valores personales en consonancia con la cultura de su compañía es fundamental.
En definitiva, en el futuro inmediato, la importancia que se le otorgue a aspectos que sólo se tangibilizan en la práctica, como son los principios, los valores y la propia cultura organizacional, será determinante para que las empresas puedan afianzar su reputación de marca, acceder al talento que necesitan y mantenerlo (retenerlo).