Silvia Hernández dirige, con paso firme, una marca llena de historia, esfuerzo y tradición familiar. Al frente de Calzados Pitillos, ha sabido mantener la esencia de la tradición industrial familiar en el contexto actual de innovación exigente.
TOFF.- ¿Hasta qué punto la historia familiar impulsa o condiciona el posicionamiento de la marca?
SH.- La historia familiar es el alma de Pitillos. No la vivimos como una condición, sino como una fuerza que nos impulsa. Nos ha dado un sentido del hacer bien las cosas, de cuidar los detalles, de no correr, sino avanzar con paso firme. En el mercado, se traduce en una marca que inspira confianza, calidad y coherencia.
TOFF.- ¿Qué rol juegan los fundadores en las decisiones actuales de marca?
SH.- Mi padre, como fundador, sigue siendo una referencia constante. Su visión sigue presente en muchas decisiones, aunque ya no esté en el día a día operativo. Consultarle o recordar su forma de pensar nos ayuda a mantenernos fieles a una filosofía: fabricar calzado con criterio, pero también con respeto por las personas, tanto dentro como fuera de la empresa.
TOFF.- ¿Cómo se construye una cultura de marca que respete los valores industriales fundacionales y a la vez conecte con nuevas generaciones?
SH.- Escuchando. Escuchando a los que llevan 45 años en la fábrica, pero también a las nuevas generaciones que traen nuevas ideas. Se trata de integrar, no de sustituir. Lo artesanal no está reñido con lo contemporáneo. Nuestra marca es una conversación entre tradición y actualidad, ya que en Calzados Pitillos convivimos varias generaciones y todas son validas y aportan un valor único a la compañía.
TOFF.- ¿Qué parte del legado familiar está presente hoy en cada decisión de marca que tomas como CEO?
SH.- La responsabilidad. Saber que no represento solo a una empresa, sino a una familia, a una historia. Cada decisión lleva implícita la pregunta: «¿Esto lo haríamos si mi padre siguiera aquí sentado en la mesa?». Y eso te hace pensar dos veces.

