A pesar de la escalada en las rentabilidad de la deuda a largo plazo tanto en Europa como en Estados Unidos (donde el 10 años ha llegado a ver su nivel más alto desde septiembre de 2014), la ‘mano’ protectora del Banco Central Europeo (BCE) vuelve a dejarse notar en la penúltima subasta del año del Tesoro, la última de Letras.
La ampliación de su programa de compra de activos (QE) hasta diciembre de 2017 (se esperaba a septiembre), a pesar de reducir su cuantía a partir de abril, tranquiliza a los mercados y les convence del apoyo incondicional de la autoridad monetaria a la recuperación de la Zona Euro.
Sobre todo ante el elevado riesgo político, con la vista puesta no sólo en los primeros compases de la Administración Trump al otro lado del Atlántico, sino del desarrollo de los acontecimientos en Italia, así como la implementación del Brexit y las futuras elecciones de Alemania y Francia.
Inestabilidad claramente reconocida por su presidente, Mario Draghi, quien reiteraba una y otra vez que esta rebaja en las adquisiciones no es un tapering (retirada progresiva de os estímulos), adelantando que se incrementaría el QE en caso de que fuera necesario.
En este contexto, el Tesoro ha vendido 1.400 millones de euros en Letras a tres meses, a un tipo negativo del -0,535%, por debajo del -0,396% previo. Se trata del porcentaje más bajo de toda la serie histórica.