Desde finales de 2014, el panorama energético ha sufrido un importante cambio. Tras un largo período en el que los precios del petróleo no paraban de subir, la industria se encontraba con que el "oro negro" ya no era tan rentable. Tras el desplome de los precios y la decisión de los países de la OPEP de no rebajar sus niveles de producción, el panorama dejaba dos ‘bando’ totalmente diferenciados: los países que ganaban con un petróleo barato y los que no.
Estados Unidos irrumpe en el mercado
Las nuevas técnicas de extracción de petróleo al otro lado del Atlántico han supuesto un gran cambio para el sector. "Está claro que el crecimiento de la oferta en Estados Unidos ha superado a la demanda global y ha generado presiones a la baja. Ahora tenemos un exceso de oferta de crudo West Texas mientras el mundo trata de ajustarse a la mayor producción americana, lo cual ha reducido el diferencial entre el WTI y el Brent", señala Robin Webhé, especialista de The Boston Company, una de las gestoras de BNY Mellon.
Mientras el panorama en el sector se aclara, la situación en Estados Unidos no queda clara. La decisión de la OPEC tiene, en realidad, el objetivo de desalentar las inversiones en los nuevos campos de gas de esquisto, ya que reducen su rentabilidad relativa.
Países importadores, claros ganadores