Comenzó el mercado a temer una recaída de la economía en la recesión, ante la desaceleración de los emergentes (con China a la cabeza), la sangría del crudo y el ‘enfriamiento’ de Estados Unidos y Europa. De nuevo, como un dominó, una ‘ficha’ arrastraba a la siguiente en su caída y, aunque expertos y gestores hablaban de ‘sobrerreacción’, lo cierto es que la calma ha tardado en recuperarse, y aún así, como vimos con las primeras reacciones a los estímulos del Banco Central Europeo (BCE), no es estable del todo.
Muchos explican este comportamiento en la idea de que la Gran Recesión nos ha dejado en una suerte de estado de ‘estrés post-traumático’, que rápidamente nos lleva a pulsar el botón del pánico, para no volver a sufrir el dolor de 2008. Otros recuerdan que con la ayuda de las autoridades monetarias se han solucionado muchos de los problemas que nos llevaron al abismo, pero, advierten que es el momento de que los Gobiernos, con reformas y políticas fiscales, den ‘un paso al frente’, el empujón definitivo que nos saqué del túnel.
La gran mayoría llama a la calma y apunta a que, más allá de los riesgos, que ‘haberlos haylos’, y por muchas malas experiencias que esta expresión haya traído consigo, "esta vez es diferente". En el caso concreto de las entidades financieras, François Lavier, especialista en deuda financiera de Lazard Frères Gestion, explica que "si bien la volatilidad y los espectaculares vaivenes que se están registrando en el mercado, tanto en el de renta variable como en el de deuda híbrida financiera, pueden inquietar y traer malos recuerdos, no son comparables. Los indicadores de riesgo sistémico son más bien tranquilizadores".
Apunta este experto que los violentos movimientos que ha experimentado esta industria parecen más ligados a un problema de rentabilidad, que de solvencia. "El comportamiento de las acciones y del crédito financiero responde en mayor medida a preocupaciones genéricas del entorno (sobre todo teniendo en cuenta que el sector presenta más bien un beta alto y está estrechamente correlacionado con la coyuntura) que a un deterioro de los fundamentales", afirma.?
Las principales preocupaciones, recuerda, giran en torno "casos particulares" como la banca italiana, el rescate de Novo Banco y la delicada situación de Deutsche Bank y Credit Suisse. El lo que respecta a la entidad germana ha sido quizá ‘la duda que colmó el vaso’, pero este analista destaca que los factores que han mermado su rentabilidad "no son recurrentes (…) no tiene problemas de liquidez (…) y cumple con las exigencias de capital".
Con todo, concluye: "El mercado primario lleva casi seis meses muy menguado. A esto se debe que la liquidez de los inversores esté siendo muy elevada (…) No sabemos cuándo se invertirá esta liquidez, pero su presencia es un elemento muy tranquilizador por cuanto la volatilidad se reducirá y las perspectivas en materia coyuntural se despejarán. El periodo actual nos parece favorable para hacer ‘buenos negocios’. En efecto, las valoraciones se han deteriorado mucho más allá de lo que la situación real de los fundamentales podría justificar".