Este jueves se cumplen ocho años de la quiebra de Lehman Brothers. La caída de un gigante que trajo consigo el estallido de la Gran Recesión y la puesta en marcha de medidas extraordinarias por parte de las autoridades monetarias que muy pocos pensaban que iban a ver.
Inyecciones masivas de liquidez, compras ingentes de activos a través de sus programas de flexibilización cuantitativa (QE), reducción de los tipos de interés a la mínima expresión… pero el crecimiento no termina de convencer, mientras los efectos perversos de estos estímulos se dejan sentir en la industria financiera.
Sin embargo, cual "Doctor Jekyll y Mr. Hyde", el mismo mercado que desconfía y acusa a los bancos centrales, parece completamente adicto a sus políticas. Así, tras un verano de extraña calma, la posibilidad de ir perdiendo su respaldo les ha llevado de nuevo a convulsionarse y teñirse de rojo.
Julian Jessop, de Capital Economics, lo tiene claro: "Aunque esperamos que las rentabilidades de la deuda sigan subiendo en Estados Unidos y Europa el año que viene, guiadas por los bonos del Tesoro norteamericano a medida que la Fed aumente gradualmente los tipos; también creemos que estas yields se mantendrán por debajo de los estándares previos, especialmente en el Viejo Continente y Japón".
Pues en estas regiones prevén que tanto el Banco Central Europeo (BCE), como el Banco de Japón (BoJ por sus siglas en inglés), rebajen de nuevo los tipos y extiendan sus programas de compra de activos.