Para los analistas de Bankinter estos factores se traducirán "en una mayor remuneración" a sus inversores en forma de "recompras de acciones". Una estrategia de gestión/optimización del capital que "persigue aumentar la generación de valor para los accionistas".
Así, explican cuál es la diferencia entre este tipo de programas y los dividendos tradicionales. Los segundos, señalan, se corresponden con la cantidad del beneficio que no es retenido por la empresa para financiar crecimiento. "Si la estructura financiera se mantiene estable, estos estarán limitados por la generación de ganancias de la compañía y la política de distribución de ésta (el pay- out). En condiciones similares, las recompras son el mecanismo que permite remunerar a los accionistas en una cantidad superior al beneficio generado en un ejercicio concreto", detallan.
Un buen mecanismo de "premiar" al accionista que, no obstante, no está exento de riesgos. Según estos expertos, "básicamente en dos frentes": el financiero, y es que si las compañías optan por esta estrategia mediante "más endeudamiento, el riesgo de balance aumentará y los acreedores deberían exigir un mayor coste de financiación que podría contrarrestar el impacto positivo de un beneficio por acción (BPA) y una rentabilidad financiera (ROE) superiores".
En este sentido, añaden que las corporaciones pueden limitar el aumento de su pasivo hasta que "el impacto total sea netamente positivo permitiendo en cualquier caso que los accionistas obtengan una remuneración extraordinaria en efectivo".
El segundo "frente" sería el estratégico, pues las recompras pueden ser interpretadas, por parte del mercado, "como una incapacidad de las empresas para obtener retornos superiores a los actuales y/o un límite al crecimiento de beneficios futuros".