Hay una nueva mística en el afterwork: no viene del vermú ni de las croquetas, sino de los baos calientes, las mesas compartidas y el aroma del vinagre de arroz. La gastronomía asiática vive una segunda juventud, esta vez más social, más inmersiva y menos encorsetada.
Lo que antes era un plan de sábado, ahora se convierte en el punto de fuga del jueves por la tarde. Y lo mejor: nadie te mira raro si cenas con palillos mientras suena música electrónica.
Lo vivimos anoche, en la inauguración del nuevo restaurante de UDON Asian Food, donde no se limitaron a abrir las puertas: ofrecieron una experiencia.
Alberto Gómez, chef ejecutivo y cerebro creativo de la cadena, dirigió un workshop de sushi en el que los invitados aprendimos a enrollar salmon rolls con más o menos dignidad. Tras eso, la luz bajó, subió la música y la barra se llenó de cócteles de inspiración asiática.

Hubo chicken thai fingers, salmon rolls, noodles en formato finger food y barra libre para acompañar. Un DJ pinchaba música que oscilaba entre el house ambiental y el techno melódico, generando una atmósfera en la que el ramen y el ritmo convivían sin tensiones. Al salir, nos regalaron un set de sushi para que la magia asiática se quede a vivir con nosotros.



