Este año, Mark Zuckerberg ha decidido sacar la chequera corporativa para redefinir la personalidad de su compañía. El día de ayer, Meta entregó un trimestre monstruoso: alrededor de 59.900 millones de dólares en ingresos y un beneficio por acción (EPS) de 8,88 dólares.
Pero lo verdaderamente impactante es su presupuesto para 2026, diseñado como si planeara comprar el futuro al por mayor. La compañía proyecta entre 115.000 y 135.000 millones en «capex», además de unos gastos totales que se dirigen hacia los 169.000 millones.
Euforia en el parqué
El objetivo de este desembolso es convertir la «superinteligencia» en una cuestión de adquisición de recursos. La respuesta del mercado fue inmediata: las acciones saltaron cerca de un 10% en el comercio fuera de horario, digiriendo con gusto un cóctel embriagador de resultados fuertes.
Aunque el plan de gastos se lee como un prospecto de bonos de infraestructura, Wall Street aplaude. Meta les dio una historia convincente: una publicidad robusta hoy, una enorme expansión de IA mañana y la promesa de que los ingresos operativos de 2026 superarán a los de 2025.
Una guía ambiciosa
Esta confianza contrasta con lo ocurrido a finales de octubre, cuando una advertencia vaga sobre el aumento del gasto tumbó la acción un 8%. Esta vez, la tecnológica describió la factura con detalle y la emparejó con una perspectiva de ingresos para el primer trimestre de hasta 56.500 millones, superando expectativas.
