El Plan Nacional de Energía y Clima (PNIEC) y los permisos concedidos para nuevas renovables nos permiten acariciar la posibilidad de ser el país europeo con la energía más barata.
En estos momentos, si todos los desarrollos que están en trámite se materializaran (y si hubiera suficiente almacenamiento), la energía eólica y fotovoltaica pasarían de generar el 40% de la electricidad en 2022 a generar el 120% de consumo español. La utopía de un país de renovables es ya hoy una realidad.
Esta realidad tiene también un posible revés: si no aumenta el consumo eléctrico del país, la oferta fácilmente superaría la demanda y, como consecuencia, la energía podría ser tan barata que nadie querría hacer nuevas inversiones en renovables. Una falta de incentivo que conduciría a un frenazo y al fin del sueño de ser una potencia energética.
¿Cómo podemos conseguir un equilibrio? Por medio de tres vías fundamentales: la atracción de industrias consumidoras de energía, la interconexión con los países de nuestro entorno y el almacenamiento.
Atraer industria y generar riqueza
Atraer industria a España y generar riqueza sería la solución perfecta, pero hay dudas de que pudiera hacerse al ritmo necesario. Los tiempos en este tipo de decisiones internacionales son lentos. Además, para conectar industria electrointensiva, es necesario ampliar las redes eléctricas de distribución o transporte para que atiendan la nueva demanda. Para ello es necesaria una planificación compleja y agilizar los permisos para estas inversiones.