El mercado de bonos es uno de los activos de inversión más antiguos y fiables, que proporciona financiación a gobiernos, empresas, hipotecas o proyectos de infraestructura más grandes, por poner algunos ejemplos. Pero a pesar de su popularidad, este mercado de 50 billones de dólares –entre inversores institucionales y minoristas– ha registrado una digitalización increíblemente lenta.
Tanto, que en esta era de inteligencia artificial y automatización la mayor parte de las operaciones se siguen haciendo de forma manual, a menudo a través de una llamada telefónica.
¿Por qué se ha tardado tanto en digitalizar el comercio de bonos? “Uno de los principales factores es que el mercado de bonos está mucho más fragmentado que, digamos, el mercado de acciones. No hay una plaza de ejecución única para las operaciones con bonos y la formación de precios es over-the-counter, lo que alimenta un cóctel opaco de precios indicativos, perfiles de liquidez y comportamientos de negociación muy diferentes entre los diferentes mercados y bonos”, dice Simon Fasdal, responsable de renta fija de Saxo Bank.
Además, recuerda el experto, la escala del mercado de bonos es enorme en comparación con el mercado de renta variable. Hay aproximadamente 43.000 acciones en el mundo comparadas con los millones de bonos que existen. Una compañía puede tener una acción, pero emiten docenas de bonos, con diferentes vencimientos. Cada uno de estos bonos tendrá una liquidez variable y algunos son más difíciles de negociar”, apunta.
Aplicando la robótica