Manuel Villa quería estudiar telecomunicaciones e inteligencia artificial. Acabó en Medicina, se formó también en Derecho y se convirtió en radiólogo.
Pero la tecnología seguía ahí, como una idea pendiente. Tras vender una startup de telemedicina, volvió a emprender. Esta vez, con una obsesión clara: hacer comprensible la regulación.
El punto de encuentro llegó con Manuel Muñiz, exsecretario de Estado de la España Global. Muñiz había visto de cerca el peso de manejar grandes volúmenes de información pública, informes y normas. De esa fricción nació Silmaril, una startup española de AppliedAI que aplica IA generativa a procesos empresariales complejos.
Su primer gran producto se llama Hound. Como un sabueso, rastrea fuentes regulatorias —desde el BOE hasta boletines europeos, provinciales o sectoriales— y avisa a cada cliente de lo que realmente le afecta. Para una energética, puede ser una norma sobre baterías. Para una empresa logística, una tasa, una aduana o una subvención. La promesa no es hacer magia, sino ahorrar tiempo.
Silmaril no se queda en el rastreo. Su plataforma Playground integra módulos como Mirror, que compara versiones de contratos, o Loop, diseñado para procesar documentos largos.
La compañía trabaja sobre grandes modelos de lenguaje, pero los adapta con agentes más pequeños, configurados para cada caso de uso. La clave está en filtrar fuentes fiables para reducir errores y evitar respuestas inventadas.
Salto al mercado
El salto al mercado llegó con una propuesta pensada para sectores de alta regulación, como logística, energía, industria o administración. En 2024, la compañía ya trabajaba con más de una decena de desarrolladores y cerraba acuerdos piloto con empresas de distintos ámbitos.
También levantó un millón de euros con inversores de Europa y Asia, entre ellos Ahileas Tsahiridis, de Mainside Capital, y Seungyoon Lee, fundador y CEO de Story Protocol.
El momento acompaña. La startup malagueña figura entre las 100 finalistas de South Summit Madrid 2026, una edición marcada por la convergencia de la IA y por una competición donde 50 de las 100 finalistas usan esta tecnología como eje principal. Para Silmaril, ese escaparate llega mientras prepara su expansión y una futura ronda Serie A. Su desafío será crecer sin perder precisión.
El nombre viene de Tolkien: una gema capaz de iluminar lo que ocurre en el mundo. En Silmaril, esa metáfora aterriza en algo muy concreto: ayudar a las empresas a moverse en un entorno donde cada norma puede cambiar una decisión. Como resumen desde la compañía, el reto está en cerrar la brecha entre la IA generativa y las necesidades reales de las compañías.