Que el futuro de las empresas, incluidas las pymes, pasa por la sostenibilidad, es innegable. No sólo por el hecho de que, si no se apuesta por un futuro sostenible, las empresas enfrentarán crisis de recursos, producción y viabilidad; sino también porque ya se recoge en la normativa. Y es que, las crecientes regulaciones en materia de sostenibilidad han hecho que numerosos aspectos de la sostenibilidad pasen de ser algo opcional a convertirse en requisitos de obligado cumplimiento.
Ninguna empresa está exenta de ello pues, aunque inicialmente estas normativas parecían dirigidas solo a las grandes empresas, paulatinamente están llegando también a las pymes. Lo hacen de forma directa, conforme nos vamos acercando al año de aplicación de las leyes en estas entidades, o indirectamente, a través de los requisitos de las cadenas de suministro de las grandes empresas.
Esto deja claro que la transformación sostenible de la pyme es algo inminente, pero no por ello exento de retos. A la mayoría de las pequeñas y medianas empresas les preocupan los costes esta implementación, no solo en cuanto a la inversión en infraestructura y tecnología, sino también en la contratación de personal cualificado para integrar los criterios de sostenibilidad en el negocio. Y esta concepción de la sostenibilidad como “coste” en lugar de “inversión” impide avanzar. Recordemos que no hace mucho, pasó lo mismo con la digitalización.
Ésta también planteaba grandes desafíos en estas empresas y hoy en día es un componente esencial de cualquier negocio competitivo. En el caso de la sostenibilidad, también debe ser vista bajo esta misma perspectiva: no como un gasto adicional, sino como una inversión crucial para la supervivencia y el crecimiento a largo plazo.
En concreto, si las pymes ahora inician esta transformación, tendrán más posibilidades de acceder a nuevos mercados, aprovechando la creciente demanda de productos y servicios sostenibles para atraer a consumidores responsables. Además, la incorporación de la circularidad en el negocio puede mejorar la eficiencia en el uso de recursos, reduciendo la generación de residuos y los costes derivados; lo mismo ocurre con el ahorro de costes en agua y energía.