Tesla vuelve a quedar bajo presión bursátil, y esta vez no solo por sus cifras de ventas. En las últimas jornadas, el valor de sus acciones ha oscilado con fuerza, golpeado por la incertidumbre política y las tensiones crecientes entre Elon Musk y el entorno del expresidente Donald Trump.
Los títulos de Tesla llegaron a caer hasta un 6 %, tras las críticas públicas de Musk al plan fiscal de Trump y las veladas amenazas del expresidente, quien sugirió al controvertido organismo DOGE, dirigido por el propio Musk, revisar los beneficios fiscales a la empresa. Las tensiones escalaron hasta el punto de que Trump llegó a insinuar que Musk debería abandonar Estados Unidos.
En contraste, este miércoles los mercados reaccionaron con volatilidad. Las acciones de Tesla rebotaron un 4,15 % y se situaron en torno a los 313,2 dólares, impulsadas por las promesas del empresario sobre el futuro del robotaxi, el avance de la conducción autónoma y el desarrollo del robot humanoide Optimus.
Sin embargo, el contexto político y regulatorio en EE.UU. se ha vuelto adverso. El Senado, con mayoría republicana, ha modificado el plan fiscal en discusión para acelerar el fin del subsidio federal de 7.500 dólares por la compra de vehículos eléctricos. Según JPMorgan, esta eliminación podría reducir los ingresos de Tesla en hasta 1.200 millones de dólares anuales.
El mercado interpreta este posible recorte como un riesgo estructural para el negocio de Tesla en EE.UU., donde el incentivo fiscal ha sido clave para sostener la demanda. Además, la compañía se enfrenta a un entorno cada vez más competitivo, limitaciones de catálogo y una reputación erosionada por las decisiones políticas de su fundador.
