Entre mediados de febrero y finales de marzo, los flujos de fondos hacia este tipo de activos marcaron su nivel más alto de seis semanas desde la crisis financiera, según datos de Morningstar. De hecho, el espacio high yield ha crecido en los últimos cinco ejercicios hasta alcanzar los dos billones de dólares. Es más, en lo que va de año Bank of America Merrill Lynch destaca que los fondos centrados en estos "bonos basura" se han hecho con 12.200 millones de dólares.
Mientras tanto, Moody’s llama la atención sobre el hecho de que la deuda corporativa calificada con rating "B3-" o menos ha marcado máximos de dos años, un aumento del 26% liderado por las empresas de petróleo y gas. Por su parte, Fitch destaca que el "vuelo" emprendido por las empresas estadounidenses a los mercados de crédito europeos se ha extendido también al high yield.
En el primer trimestre del año, explican estos últimos expertos, "la proporción de bonos emitidos en moneda europea por parte de empresas extranjeras alcanzó su nivel más alto desde al menos 1999, ya que unos diferenciales de deuda corporativa más baja y las divergentes políticas monetarias de Banco Central Europeo (BCE) y Reserva Federal (Fed) aumentan el atractivo por el Viejo Continente".
Un dato de récord, del que subrayan: "Aunque la mayor parte de los emisores estadounidenses tienen calificaciones sólidas de grado de inversión, la ‘caza’ de rentabilidad desatada por el QE está empujando a los inversores europeas a ‘abrazar’ una gama más amplía, que incluye los ‘bonos basura’".
Suben las apuestas por el high yield, pero no debemos olvidar que, como su propio nombre indica, no está para nada exenta de riesgos. Moody’s cifra el riesgo de default (quiebra) en el 1,7%, muy por debajo del 17,3% de marzo de 2009. Entonces, había 290 emisores en la lista de "bonos basura", ahora 184.