Cuando hablamos de Ponche Caballero lo hacemos teniendo siempre muy presente el color plata de la botella que desde los años 40 viene caracterizando a la marca, la cual envolvía las botellas una a una en papel de plata en honor a las tradicionales poncheras.
Tres décadas más tarde, en el año 1969, Ponche Caballero se convertiría en la primera marca a nivel mundial que lograría metalizar industrialmente su botella, logrando un prestigio inigualable dentro y fuera de nuestras fronteras. La marca lanza este otoño una nueva botella más moderna, elegante y manejable, que permitirá a los consumidores seguir disfrutando del licor genuino de siempre, pero con un envase adaptado a los nuevos tiempos.
El origen del ponche se remonta a la antigua Persia, donde elaboraban una bebida similar a la actual llamada "panj", en español "cinco", en referencia al número de ingredientes que utilizaban: aguardiente, azúcar, limón, agua y té. Más tarde, la Compañía Británica de las Indias occidentales introduciría esta bebida en sus colonias y, a partir del siglo XVII, el consumo de Ponche se expandiría por todo el mundo occidental, ajustándose su receta a los gustos de cada país.
El año 1830 supone el inicio de la historia de la marca. Es en este momento cuando José Cabaleiro do Lago, de origen gallego, fusiona la tradición de las queimadas gallegas con los licores y productos de la zona de El Puerto de Santa María, creando así un producto único elaborado con una receta secreta que se conserva hasta hoy.
A pesar de que la fórmula de Ponche Caballero es un secreto familiar desde hace casi dos siglos, la compañía sí que ha desvelado, e incluido en el etiquetado de la nueva botella, los cinco botánicos que marcan el sabor único de su receta, llegados al Puerto de Santa María desde todos los rincones del mundo: piel de las mejores naranjas andaluzas, canela de Sri Lanka, vainilla de México, clavo de Madagascar y nuez moscada proveniente de Indonesia.