Bitcoin vuelve a medir la paciencia del mercado. La criptomoneda ha caído hasta la zona de los 67.000 dólares, su nivel más bajo desde abril, después de perder más de un 4% en la sesión del martes 2 de junio.
La presión no se limita al precio. El retroceso golpea también a las compañías ligadas al sector, con caídas en Strategy, Coinbase y Circle, mientras los inversores reducen exposición a los activos digitales.
El movimiento llega con bitcoin por debajo de los 70.000 dólares y con una lectura incómoda para sus defensores: el activo vuelve a comportarse como una inversión de riesgo, no como un refugio frente a la inflación.
El relato pierde fuerza
La tesis de bitcoin como oro digital vuelve a quedar bajo presión. El activo ha caído un 36% en el último año, mientras las dudas sobre inflación, tipos de interés y costes energéticos vuelven a pesar sobre el mercado.
La salida de dinero de los ETF de bitcoin añade más tensión. Estos vehículos han encadenado 11 jornadas de reembolsos, con retiradas cercanas a 3.500 millones de dólares, según datos citados por Cinco Días.
A esa presión se suma la venta de 32 bitcoins por parte de Strategy, un gesto pequeño en términos financieros, pero simbólico para una compañía asociada durante años a la acumulación permanente de la criptomoneda.
La liquidez cambia de destino
El mercado también observa una rotación de liquidez hacia otros activos. Con la bolsa estadounidense mostrando más fortaleza, parte del capital de riesgo parece moverse hacia valores tecnológicos, inteligencia artificial y futuras OPV.
Ese giro complica el momento de bitcoin. Algunos análisis apuntan a que los inversores miran proyectos como SpaceX, OpenAI o Anthropic, mientras las criptomonedas compiten por atención con nuevas historias de crecimiento.
El nivel técnico más vigilado se sitúa ahora en torno a los 65.000 dólares. Si pierde esa referencia, los analistas citados por CNBC apuntan a zonas de soporte entre 63.000 y 64.000 dólares, antes del umbral psicológico de 60.000 dólares.
Las cripto buscan suelo
El golpe no implica una ruptura definitiva del ciclo cripto, pero sí revela un cambio de tono. La promesa de bitcoin como cobertura frente a la inflación pierde fuerza cuando el mercado exige liquidez, beneficios visibles y menor volatilidad.
La paradoja es clara: el sector prepara nuevas salidas a bolsa y gana presencia institucional, pero su activo principal vuelve a sufrir como en las fases de mayor aversión al riesgo. La madurez de las cripto ya no se medirá solo por su narrativa, sino por su capacidad para resistir cuando el dinero vuelve a ponerse selectivo.
