Blue Origin achaca la explosión de New Glenn a una válvula

La compañía sitúa el origen de la explosión de mayo en una válvula de oxígeno de un motor BE-4 y mantiene el regreso al vuelo en 2026.

La explosión que destruyó un cohete New Glenn el pasado 28 de mayo durante un ensayo de encendido estático tuvo su origen en el fallo de una válvula principal de oxígeno de uno de sus motores BE-4. Así lo concluyó Blue Origin en el balance de la investigación que hizo público el 5 de agosto de 2026. El accidente se produjo en el Complejo de Lanzamiento 36 de la Estación de la Fuerza Espacial de Cabo Cañaveral y arrasó tanto el vehículo como parte de las instalaciones de lanzamiento.

La conclusión se apoya en la recuperación del hardware y en la inspección detallada de los restos. La pieza señalada regula el paso de oxígeno líquido hacia uno de los siete motores BE-4 que impulsan la primera etapa del cohete.

Dave Limp, consejero delegado de Blue Origin, sostiene que la causa raíz está identificada y que la corrección pasa por pequeñas modificaciones en la válvula, aplicables a los motores ya fabricados sin rehacerlos. El planteamiento apunta a un problema acotado y no a un rediseño del motor.

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Un programa con la Luna en el horizonte

El New Glenn es la pieza central de los planes comerciales e institucionales de la compañía. El vehículo había completado tres misiones antes del accidente y resulta imprescindible para el contrato firmado con la NASA para lanzar el módulo lunar Blue Moon dentro del programa Artemis.

No es el primer contratiempo del año. En su tercer vuelo, en abril de 2026, un problema en un motor impidió que la carga útil alcanzara la órbita prevista.

Los BE-4 también propulsan el cohete Vulcan de United Launch Alliance, que ha participado en la investigación. Se trata de un motor de combustión escalonada rica en oxígeno, concebido para ser más simple y reutilizable que los diseños de la competencia.

Reconstrucción contrarreloj

Blue Origin retiró los restos del cohete en nueve días y a finales de junio de 2026 ya había iniciado la reconstrucción de la plataforma. La compañía mantiene el compromiso de volver a volar antes del cierre de 2026, lo que obliga a reparar la infraestructura dañada y a modificar los motores en pocos meses.

Para ganar tiempo, la empresa renuncia a sustituir la gran torre transportadora destruida en la explosión y cambiará el modo de integrar las cargas útiles en los próximos lanzamientos. Observadores del sector sitúan en 12 a 18 meses el plazo habitual para una reconstrucción de esta magnitud, lo que convierte el objetivo en una apuesta exigente.

El accidente agrava el estrechamiento de la capacidad de lanzamiento en Estados Unidos. El Vulcan de ULA ya estaba en tierra por problemas en sus motores de combustible sólido, en un momento de demanda creciente de lanzamientos de satélites.

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