Más de cuatro días de discusiones han tenido fruto. El fondo de 750.000 millones de euros acordado por los líderes europeos para hacer frente a la situación económica creada por la crisis del Covid-19 ha salido adelante. Se dividirá en 390.000 millones de euros en subvenciones y 360.000 millones de euros en préstamos, una división que “representa un compromiso del 52%/48% para los Cuatro Frugales frente a la propuesta inicial de que dos tercios del Fondo se desembolsaran en forma de subvenciones”, como subraya Esty Dwek, Head of Global Market Strategies en Natixis IM Solutions.
Esta experta asegura que gracias a este acuerdo, “creemos que el riesgo de una ruptura europea ha disminuido aún más y que el crecimiento europeo debería ser apoyado a medio plazo por estos pasos. Por lo tanto, la prima de riesgo de los activos europeos también debería disminuir, apoyando a los mercados”. Una idea en la que insiste Nicola Mai, de Pimco. «El acuerdo refuerza las medidas tomadas por el BCE para apoyar a los mercados soberanos y apoya nuestra postura constructiva en los periféricos europeos».
Fuerte mensaje político
Para Sebastien Galy, responsable de estrategia macroeconómica en Nordea AM, es “un momento importante en la historia de la Unión Europea dado el tamaño del paquete, la capacidad de no reducir la ayuda bajo la presión de los países frugales y el hecho de que esto será financiado por bonos de la UE”. Galy pone el acento en que “tales responsabilidades comunes para la Unión Europea no tienen precedentes en su tamaño” y en que “ para ganar esto, la periferia tuvo que aceptar las condiciones, lo cual es simplemente un movimiento sensorial”.
Ranko Berich, director del equipo de análisis de Monex Europe, tiene claro que pese a que el paquete puede considerarse modesto en relación al estímulo fiscal en los Estados Unidos, «un instrumento de deuda mutualizado permite a gobiernos como Italia y España desplegar fondos de recuperación sin poner más énfasis en la sostenibilidad de su deuda». Cree también que se envía una fuerte señal a los mercados, la de que la UE «sigue dispuesta a evolucionar en respuesta a amenazas existenciales y que en futuras crisis la Unión puede depender menos de la heroicidad unilateral del Banco Central Europeo».