Se esperaba un aumento en el Programa de Compra de Emergencia Pandémica (PEPP) porque los cálculos apuntaban a que su cuantía solo llegaría hasta el otoño, pero los 600.000 millones que ha puesto el BCE sobre la mesa han superado las previsiones. “El aumento fue hacia el extremo superior de las expectativas”, destaca Oliver Blackbourn, gerente de cartera de activos múltiples de Janus Henderson Investors, para quien el organismo ha enviado una señal clara de que “se compromete a estimular durante el tiempo que sea necesario”.
La contundencia de la máxima entidad monetaria de la eurozona ya se ha traducido de forma clara en el mercado de deuda y el de divisas, como subraya Didier Saint-Georges, miembro del comité estratégico de inversión de Carmignac, en forma de repunte del euro y de rebaja de las primas de riesgo periféricas. “Constituye un balón de oxígeno adicional para los diferenciales de la deuda pública de estos países y para el euro”. El mercado ya ha dado su veredicto, pero entre las gestoras de fondos se destaca la idea de que el BCE ha actuado con rotundidad en un intento de reafirmarse. “Lagarde ha subrayado la independencia de las decisiones de la Institución y su validez en el marco del derecho europeo y del Tribunal de Justicia Europeo, haciéndose eco de la reciente sentencia del Tribunal Constitucional alemán. Y ésta es quizás la razón por la que el BCE ha tenido una reacción más fuerte de lo esperado, para demostrar y afirmar su independencia”, señala François Raynaud, de Edmond de Rothschild Asset Management.
Para Esty Dwek, de Natixis IM Solutions, «Lagarde ha demostrado a los mercados que no deben luchar contra el compromiso o el poder del banco central». A su juicio, las últimas decisiones del BCE deberían “mantener bajos los rendimientos y los márgenes contenidos a la vez que debería ser beneficioso para los activos de riesgo» y, además, «respaldar la reciente recuperación de los activos europeos a medida que se ponen al día con los EE. UU.». En la misma línea, Olivia Álvarez, de Monex Europe, asegura que “Lagarde ha hecho otro buen trabajo al abordar de forma preventiva la especulación innecesaria del mercado”. Además, señala que la degradación de las proyecciones macroeconómicas “sirven como un canal sólido para justificar la acción del BCE y evitar nuevas críticas de los observadores legales”.
Ángeles caídos y más margen…
Donde el BCE no ha dado pasos en su reunión del mes de junio ha sido en la inclusión de los bonos basura en los programas de compra de activos, como recuerda Andreas Billmeier, analista de deuda pública de Western Asset, filial de la gestora de inversión Legg Mason. De momento, no se comprarán bonos con calificación inferior a grado de inversión. Y para Wolfgang Bauer, gestor del equipo de renta fija de M&G, es una cuestión relevante. “En vista del marcado repunte de los diferenciales de crédito de la deuda europea de alto rendimiento desde sus niveles de marzo -el índice iTraxx Xover ha caído desde más de 700 pb a alrededor de 375 pb-, podría haber llegado el momento de reducir la exposición y recoger parte de los beneficios”, apunta. Y es que esta clase de activos podría pasar a ser vulnerable “ante cualquier deterioro de la situación de la COVID-19 o ante unos datos económicos peores de lo esperado”.