De manera silenciosa en un principio y después a puro grito, las criptomonedas acaparan portadas y titulares. No porque la prensa tenga más o menos interés, sino porque inversores y usuarios de todo tipo demandan información sobre este fenómeno de la tecnología con el que muchas han ganado mucho dinero.
A día de hoy, la capitalización de este mercado se estima en 2,5 billones de dólares. Esa cantidad representa toda la producción económica española de dos años. Por eso, ya no se puede hablar de un mercado secundario o de una apuesta para amantes del riesgo.
Ante ese crecimiento, los bancos centrales se plantean crear sus propias criptomonedas para capturar el atractivo de este tipo de activos bajo su control. Sin embargo, los proyectos se encuentran en fases muy tempranas y aún se tardará años en que entidades como el Banco Central Europeo o la Reserva Federal lancen sus propias divisas en este formato. Por eso, cabe preguntarse qué hacer mientras tanto al respecto de este fenómeno.
El debate ya existe. Aunque más que un debate hay consenso entre todas las partes afectadas. La regulación resulta imprescindible se mire desde la arista que se mire: tanto si se observa como una inversión o como medios de pago.
Todo tipo de inversiones o monedas cuentan con unas normas que regulan su uso, así como la responsabilidad de quienes invierten y de quienes las ofrecen como inversión. El propio Fondo Monetario Internacional advierte de que la emergencia de este mercado transforma la manera en que funciona el sistema monetario y financiero internacional. El organismo indica que existen riesgos que «pronto podrían tornarse sistémicos en algunos países», sobre todo en aquellos donde el sistema monetario es frágil.