SpaceX quiere trasladar parte de la infraestructura necesaria para desarrollar inteligencia artificial fuera de la Tierra. La compañía ha solicitado autorización para desplegar un sistema compuesto por hasta un millón de satélites, que funcionarían como centros de datos orbitales.
La propuesta fue presentada ante la Comisión Federal de Comunicaciones de Estados Unidos, la FCC, el 30 de enero de 2026. Los dispositivos operarían a altitudes comprendidas entre los 500 y los 2.000 kilómetros, distribuidos en diferentes capas orbitales.
El sistema utilizaría enlaces ópticos de alta capacidad para conectar los satélites entre sí y con la red Starlink. SpaceX presenta el proyecto como un primer paso hacia una infraestructura capaz de aprovechar de forma masiva la energía solar para alimentar la computación vinculada a la IA.
Una reentrada cada tres minutos
La escala del proyecto ha encendido las alarmas entre científicos y organizaciones ambientales. Los investigadores temen que la sustitución continua de los equipos convierta la atmósfera en una especie de «crematorio de satélites», cargado de materiales procedentes de las reentradas.
Los cálculos citados por expertos apuntan a que, si los dispositivos tuvieran una vida útil limitada y fueran renovados regularmente, un satélite podría desintegrarse en la atmósfera cada tres minutos. Actualmente, alrededor de tres satélites o cuerpos de cohetes realizan este proceso cada día.
La incineración de componentes metálicos liberaría sustancias como óxido de aluminio y litio en las capas superiores de la atmósfera. Los científicos advierten de que un aumento drástico de estos elementos podría influir en la capa de ozono y alterar el equilibrio térmico del planeta, aunque sus efectos acumulativos todavía no se conocen con precisión.
Más satélites que estrellas
El impacto también alcanzaría a la astronomía. Una simulación elaborada por investigadores de la Universidad de Columbia Británica concluye que decenas de miles de estos objetos podrían resultar visibles simultáneamente y que, durante buena parte de la noche, habría más satélites que estrellas observables.
El Observatorio Europeo Austral calcula que la constelación podría provocar decenas de rastros en cada imagen captada por el Very Large Telescope de Chile. Las pérdidas en el campo de visión de determinados instrumentos alcanzarían hasta el 28%.
Otros observatorios, como el Vera C. Rubin, podrían ver inutilizadas gran parte de sus imágenes durante varias horas cada noche. La luz reflejada por los satélites dificultaría la observación de galaxias lejanas, planetas, asteroides y otros objetos poco luminosos.
La autorización sigue pendiente
Una coalición formada por Earthjustice, DarkSky International, Public Employees for Environmental Responsibility y Environment America ha pedido a la FCC que suspenda las nuevas licencias para centros de datos orbitales hasta completar una evaluación ambiental conjunta.
Las organizaciones sostienen que colocar más de un millón de dispositivos en órbita incrementaría las emisiones de los lanzamientos, la contaminación generada durante las reentradas y el riesgo de colisiones. También alertan de posibles efectos sobre la fauna, el cielo nocturno y los servicios que dependen de otros satélites.
La FCC ha aceptado la solicitud de SpaceX para su estudio, pero todavía no ha concedido permiso para desplegar la constelación. Además del debate ambiental, el proyecto afronta importantes desafíos técnicos, como evacuar el calor producido por los sistemas informáticos, protegerlos de la radiación y reparar unos equipos situados a cientos de kilómetros de la Tierra.
