Estados Unidos está ultimando un acuerdo sin precedentes para garantizarse el acceso a largo plazo a los yacimientos venezolanos y rebajar su factura energética. El pacto permitiría al Gobierno norteamericano bloquear varios campos petroleros para que sean desarrollados en exclusiva por sus compañías.
La fórmula legal sobre la mesa es un audaz modelo de «arrendamiento», que culminaría con una subasta posterior entre productores estadounidenses. Una fuente muy cercana a las conversaciones asegura que el tema «es real y se está discutiendo a los niveles más altos» de ambos gobiernos para asegurar el suministro.
El mapa del tesoro: 17 pozos en la diana
La lista de negociación incluye 17 campos estratégicos, combinando nuevas zonas en la inmensa Faja del Orinoco con áreas maduras del lago de Maracaibo. Algunos pozos están operados actualmente por una firma china con contratos heredados de la era de Nicolás Maduro, expresidente del país.
Este movimiento comercial coincide con un auténtico seísmo geopolítico: Venezuela está considerando seriamente abandonar la OPEP para abrazar a EE. UU. El país sudamericano, miembro fundador desde 1960, lleva años incumpliendo sus cuotas por el brutal deterioro industrial y la corrupción de su sector.
Laberinto legal y reuniones inminentes
El gran obstáculo para rubricar este macroacuerdo es la propia Constitución venezolana, que reserva las actividades petroleras clave directamente al Estado. Aunque la ley vigente permite operar bajo «empresas conjuntas», los expertos advierten que firmar arrendamientos puros enfrentará inevitables desafíos legales.
Las autoridades guardan un enorme hermetismo sobre el pacto y Paula Henao, ministra de Petróleo venezolana, ha evitado hacer declaraciones. Sin embargo, el medio Axios adelanta que Chris Wright, secretario de Energía estadounidense, volará a Caracas la próxima semana para desencallar la operación.
Bajar los precios y rellenar la despensa
Donald Trump, presidente de Estados Unidos, busca abaratar la gasolina con urgencia ante las inminentes elecciones legislativas que afronta a final de año. Asegurar un flujo estable desde Caracas, que apenas produce 1,25 millones de barriles diarios, ayudaría a sofocar esa enorme presión electoral.
Además, la primera potencia mundial necesita rellenar urgentemente las cavernas subterráneas de sal de su Reserva Estratégica de Petróleo. Este almacén de seguridad está estancado en 290 millones de barriles (41% de su capacidad) tras el impacto de la guerra de Ucrania en 2022 y el reciente conflicto bélico de Irán en febrero.
