El cuidado familiar afecta a la salud del 62,8% de las personas cuidadoras

El estrés, la ansiedad y la fatiga afectan a quienes cuidan de familiares mayores, aunque el 88% se siente satisfecho.
Una chica cuida de su abuela Una chica cuida de su abuela
Una chica cuida de su abuela :: The Officer

El cuidado de un familiar mayor puede tener un impacto significativo en la salud física y mental de quienes asumen esta responsabilidad. El 62,8% de las personas cuidadoras considera que esta labor ha afectado a su bienestar, según el II Estudio del Observatorio Cinfa de los Cuidados, titulado Radiografía de los cuidados familiares en la sociedad española. El informe, elaborado por Laboratorios Cinfa con el aval de la Sociedad Española de Geriatría y Gerontología (SEGG), se basa en una muestra representativa de más de 3.200 personas cuidadoras en España.

Los resultados ponen de relieve una realidad que trasciende el ámbito doméstico: atender a una persona mayor puede implicar una carga emocional, física y social que requiere atención, recursos y reconocimiento. Aunque el cuidado se vive con frecuencia como una expresión de afecto y compromiso familiar, sus consecuencias pueden repercutir en la calidad de vida de quienes lo prestan.

Estrés, ansiedad y fatiga, entre las principales consecuencias

Entre las personas cuidadoras que identifican repercusiones en su salud mental, el estrés es la alteración más frecuente, señalada por el 66,1%. Le siguen la ansiedad, mencionada por el 51,7%; la irritabilidad y los cambios de humor, por el 39,3%; y la depresión o tristeza, por el 35,2%. Además, el 24,7% refiere dificultades para concentrarse.

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El impacto también se manifiesta en la salud física. El cansancio o la fatiga encabezan los síntomas, con un 69,8%, seguidos de las alteraciones del sueño, que afectan al 50,1%. Los dolores musculares o articulares aparecen en el 36,7% de los casos, mientras que el 27,9% reconoce haber descuidado su aspecto físico.

Estas cifras reflejan cómo las exigencias de los cuidados pueden extenderse al descanso, la recuperación física y el equilibrio emocional. La dedicación continuada, sumada a las responsabilidades laborales y familiares, puede dificultar que quienes cuidan encuentren tiempo para atender sus propias necesidades.

Infografía sobre el impacto de los cuidados en la salud y relaciones :: Cinfa

La búsqueda de ayuda profesional, todavía pendiente

Más de la mitad de las personas cuidadoras que perciben un deterioro de su salud, el 57,1%, ha consultado a un profesional sanitario o se ha planteado hacerlo. En concreto, el 27,7% ha acudido a una consulta, mientras que el 29,4% ha valorado esa posibilidad en algún momento. Por el contrario, el 42,9% no se ha planteado buscar ayuda profesional.

Entre quienes sí han consultado, el médico es el profesional más mencionado, con un 68,6%, seguido del psicólogo, con un 56,6%. En menor medida, las personas encuestadas han recurrido a enfermería (10,5%) o a farmacia (8,6%).

Para Francisco José Tarazona Santabalbina, presidente de la SEGG, los resultados muestran que quienes cuidan de un familiar mayor pueden llegar a necesitar cuidados a su vez. Esta situación, señala, invita a reflexionar sobre el papel que desempeñan estas personas, el reconocimiento que merecen y los recursos que la sociedad debe poner a su disposición.

La detección temprana del malestar y el acceso a apoyo sanitario y psicológico son aspectos relevantes para evitar que las necesidades de la persona cuidadora queden relegadas frente a las de su familiar.

Menos ocio y más riesgo de aislamiento

Las consecuencias no se limitan a la salud. El 53,8% de las personas encuestadas considera que cuidar ha afectado a sus relaciones sociales. Dentro de este grupo, el 88,9% afirma disponer de menos tiempo libre para el ocio y sus aficiones, mientras que el 30,8% experimenta un mayor aislamiento o ha reducido sus relaciones con familiares y amistades.

El estudio también identifica dificultades relacionadas con la autonomía y la percepción de uno mismo: el 20,9% de quienes han visto afectada su esfera social refiere una pérdida de identidad y autonomía. Asimismo, el 17,6% siente incomprensión social y el 17,2% experimenta desamparo y soledad.

Para hacer frente a esta carga, las personas cuidadoras recurren a distintas formas de desconexión. El 35% opta por actividades como ver la televisión, leer, navegar por Internet o utilizar las redes sociales. Dedicar tiempo a familiares y amistades es una alternativa para el 31,1%, mientras que el 30,9% practica ejercicio o algún deporte. Por su parte, el 28,3% intenta reservar momentos para el cuidado personal y el 28,1% procura realizar planes fuera de casa.

Los datos apuntan a la importancia de preservar espacios propios y mantener los vínculos sociales, dos aspectos que pueden verse desplazados cuando las necesidades de la persona mayor concentran buena parte del tiempo y la energía de su entorno.

Un familiar toma de la tensión a una persona mayor :: Cinfa

Una experiencia satisfactoria que también necesita apoyo

Pese a las dificultades identificadas, el 88% de las personas cuidadoras encuestadas afirma sentirse satisfecha con su experiencia. Esta valoración refleja que el cuidado puede aportar significado personal y reforzar los vínculos afectivos, incluso cuando supone un esfuerzo considerable.

La comunicación con el entorno también desempeña un papel relevante. Entre quienes hablan sobre su experiencia, el 65,2% comparte sus vivencias con amistades íntimas y el 53,6% lo hace con otros familiares de la persona atendida. Los compañeros de trabajo (27,2%) y otras personas que atraviesan situaciones similares (26,8%) constituyen otras vías de apoyo.

La satisfacción con el cuidado y el desgaste asociado no son realidades incompatibles. Reconocer ambas dimensiones permite abordar esta responsabilidad sin idealizarla ni reducirla únicamente a sus dificultades.

Visibilizar los cuidados familiares

El II Estudio del Observatorio Cinfa de los Cuidados da continuidad a una primera investigación centrada en el perfil de las personas cuidadoras, la organización familiar, sus preocupaciones y los aprendizajes derivados de esta labor. Aquel trabajo ya mostraba que el cuidado se percibía como una expresión de afecto para el 58,2% de los participantes y como una elección personal para el 53,9%.

La nueva edición, impulsada por Cinfa en el marco de su iniciativa sobre los cuidados, amplía el foco hacia las consecuencias que esta responsabilidad tiene sobre la salud y las relaciones sociales. Su objetivo es contribuir al conocimiento de una realidad que, en muchos casos, permanece dentro del ámbito privado de las familias.

Alicia López de Ocáriz, directora médica de Grupo Cinfa y presidenta del Observatorio, subraya la importancia de hablar sobre los cuidados familiares para hacer visible una experiencia compartida por muchas personas. Compartir lo vivido, sostiene, contribuye a generar empatía y conciencia social.

Los resultados dibujan así una doble realidad: cuidar puede ser una experiencia satisfactoria y significativa, pero también exige un esfuerzo que no debería recaer exclusivamente sobre la persona cuidadora. La disponibilidad de apoyos, la atención a su salud y el reconocimiento social de su labor son elementos fundamentales para avanzar hacia un modelo de cuidados que tenga en cuenta tanto a quien necesita ayuda como a quien la proporciona.

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