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El FMI ve la deuda mundial en el 100% del PIB en 2029

El endeudamiento mundial alcanzará el 100% del PIB en 2029, según el FMI, con intereses históricamente elevados en la OCDE.
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Los Estados de la OCDE afrontaron en 2025 la mayor factura de intereses jamás registrada: cerca de 2 billones de dólares, equivalentes al 3,2% del PIB, según las cifras recogidas por el Instituto Internacional de Finanzas (IIF). El desembolso coincide con una trayectoria de endeudamiento que el Fondo Monetario Internacional (FMI) prevé que roce el 100% del producto mundial en 2029.

Ese umbral implica que lo adeudado por el conjunto de los gobiernos igualará a todo lo que genera la economía del planeta en un ejercicio completo. Hoy la proporción se sitúa en el 94%. El motor del avance es un desequilibrio persistente: los ingresos públicos no cubren el gasto y la brecha, que el organismo sitúa en torno al 5% del PIB para los próximos ejercicios, se tapa con emisiones nuevas.

Emre Tiftik, director de Mercados Globales y Política del IIF, descarta que ese ritmo pueda mantenerse. Los mercados todavía colocan sin fricciones el papel soberano, aunque el economista avisa de que esa capacidad de absorción tiene fecha de caducidad. En cuanto los compradores pidan una remuneración más alta, la partida de intereses desplazará a otras dentro de los presupuestos.

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Un problema que cambió de continente

Durante años, los episodios de tensión con la deuda se concentraron en los países emergentes. El patrón se rompió tras 2008: fueron las economías ricas las que empezaron a acumular pasivo sin pausa. La pandemia multiplicó los programas de apoyo para frenar el desplome de la actividad y el encarecimiento de la energía tras la invasión rusa de Ucrania alargó ese esfuerzo.

El endeudamiento elevado, por sí solo, no desemboca en una crisis. La dificultad surge al renovar vencimientos abultados con un precio del dinero muy superior al vigente cuando se colocaron esos títulos.

La advertencia japonesa

Japón ilustra ese tránsito mejor que ningún otro caso. Con tipos en el entorno del cero, o incluso negativos, el país convivió con una deuda por encima del 200% del PIB sin que el coste financiero se disparara.

La inflación, la caída del yen y el ajuste emprendido por el Banco de Japón han alterado la ecuación. Su bono a diez años ha tocado el 3%, algo que no ocurría en tres décadas. Los plazos largos del resto de economías avanzadas cotizan a niveles comparables a los de 2007.

Washington, 3.000 millones diarios en intereses

El caso más determinante es el de Estados Unidos, por el tamaño de su economía y el papel del dólar. El FMI anticipa déficits superiores al 7% del PIB y una deuda del 142% al arrancar la próxima década. El bono a diez años renta alrededor del 4,8% y el de treinta años ha llegado al 5,3%, su máximo desde 2007.

La Oficina Presupuestaria del Congreso (CBO) cuantifica en más de un billón de dólares al año lo que absorben los intereses, alrededor de 3.000 millones cada día. Esa partida supera al presupuesto de Defensa desde 2024. La Reserva Federal de St. Louis sitúa el pasivo federal en más de 40 billones, frente a los 5,2 billones de 1996: un salto superior al 600%.

A ello se suma un cambio en quién compra. El Consejo de Relaciones Exteriores señala que bancos centrales, gobiernos extranjeros y bancos de inversión reducen su presencia, de modo que el Tesoro queda más expuesto a inversores que solo atienden a la rentabilidad ofrecida.

La competencia por el ahorro disponible

El riesgo se extiende al crédito privado. El FMI calcula que familias y compañías deben el equivalente al 143% del PIB mundial. Si el capital se refugia en activos seguros, financiarse resultará más caro para todos.

La infraestructura de inteligencia artificial añade presión sobre esa misma bolsa de ahorro. Los mayores proveedores de nube colocaron unos 121.000 millones de dólares en 2025 y podrían alcanzar los 400.000 millones en 2026, según Reuters.

El margen es reducido. Recortar el déficit de golpe frena la actividad; sostenerlo demasiado tiempo encarece cada refinanciación. La vía intermedia combina contención presupuestaria y ganancias de productividad. Si la demanda de bonos flaquea, la discusión dejará de ser financiera para volverse política.

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