Nvidia rinde cuentas este miércoles ante un mercado que ha cambiado de preguntas. Ya no basta con saber cuánto crece el negocio de la inteligencia artificial: ahora se discute quién pagará la factura de las infraestructuras y qué retorno dejarán. El listón está tan alto que un resultado por encima de lo previsto podría dejar la cotización indiferente.
Ese es el aviso que lanza Lale Akoner, analista global de mercados de eToro, en un comentario sobre las claves del trimestre del fabricante de chips.
Las cifras que se esperan
El escenario que maneja la analista sitúa la facturación del trimestre entre 94.000 y 95.000 millones de dólares. Para el periodo siguiente, la horquilla sube hasta los 107.000 y 108.000 millones. Detrás están las ventas de los procesadores Blackwell y el estreno comercial de la plataforma Vera Rubin.
Hay un segundo motor menos visible. El grupo coloca cada vez más equipamiento de red junto a sus chips, de modo que cada centro de datos dedicado a IA le deja más dinero. La capacidad de computación que piden los clientes, apunta el análisis, sigue por encima de lo que la industria puede fabricar.
Cuánto tarda Rubin en llegar
El calendario de Vera Rubin concentra buena parte de la atención. Las primeras entregas van en plazo, pero el verdadero salto de volumen se espera para más adelante en el ejercicio. Si arranca por debajo de lo estimado, Blackwell tiene margen para tapar el hueco.
Juegan a favor dos cuellos de botella que se relajan: hay más memoria disponible y también más capacidad en las técnicas punteras de encapsulado. Eso abre la puerta a fabricar más unidades en 2027.
Quién financia la ola de inversión
El perfil del comprador se ha ensanchado. Junto a las grandes tecnológicas estadounidenses aparecen ahora operadores de nube especializados en IA, administraciones públicas y equipos que entrenan modelos avanzados, todos levantando su propia infraestructura. Corea del Sur y Japón han puesto en marcha planes nacionales de peso.
A eso se suma un pacto con seis grandes entidades financieras que podría movilizar por encima de 500.000 millones de dólares hacia esas infraestructuras. La duda que queda en el aire es si esos proyectos devolverán una rentabilidad suficiente a quien los paga.
Los márgenes son el otro termómetro. Con la memoria y la fabricación externa encareciéndose, la compañía tendrá que probar que sus precios y su catálogo aguantan el nivel cercano al 75%. Una reactivación de las ventas en China sería un extra, porque hoy apenas se descuenta nada por ese lado.
El riesgo principal está en los tiempos: que las grandes tecnológicas aflojen el gasto antes de que la compañía convierta en beneficios lo que el mercado ya da por hecho. «La reacción inmediata de la cotización podría depender menos de si Nvidia supera las previsiones de este trimestre y más de si la dirección logra reforzar la confianza en el crecimiento de la compañía 2027 y 2028», resume Akoner.
