La economía española ha pisado el freno de forma comedida durante el tercer trimestre del año. El Producto Interior Bruto (PIB) ha moderado su avance al 0,6%, una décima menos que el trimestre anterior, según los datos adelantados por el Instituto Nacional de Estadística (INE).
Pese a esta ralentización intertrimestral, el crecimiento del PIB a nivel interanual ha logrado acelerar una décima, situándose en un robusto 2,7%. Este repunte sostenido a largo plazo se apoya fundamentalmente en la demanda interna, que aportó medio punto de valor frente al 0,1 del sector exterior.
El salvavidas macroeconómico del gasto público
El consumo de los hogares, que había sido el gran motor productivo en lo que va de ejercicio, ha sufrido un fuerte parón al pasar del 1,1% al 0,6%. Para compensar esta caída, el gasto de las administraciones públicas ha tomado el relevo con un incremento del 0,9%, marcando su cifra más alta del año.
Las métricas de inversión empresarial tampoco arrojan señales de aceleración a corto plazo. La formación bruta de capital registró una variación interanual del 2,1%, lo que representa un profundo hundimiento de 2,3 puntos respecto al fuerte dinamismo demostrado en el trimestre previo.
Luces en el comercio y el sector primario
Frente al enfriamiento del consumo interno, la balanza comercial ha mostrado un comportamiento expansivo. Las exportaciones de bienes y servicios aceleraron su ritmo con un alza del 3,6%, superando en dos puntos los registros de la pasada primavera, mientras que las importaciones crecieron un 3,9%.
Por el lado de la oferta, el sector de los servicios avanzó un 2,9% interanual y las ramas primarias despuntaron con un extraordinario 7,1%. En claro contraste, la construcción quedó totalmente estancada entre julio y septiembre con una variación intertrimestral próxima a cero.
