Pasamos buena parte de nuestro día en la oficina, pero ¿sabríamos qué hacer si sonara la alarma de evacuación? ¿Conocemos la salida de emergencia más cercana, dónde está el punto de reunión o a quién debemos avisar si un compañero sufre un accidente? Son cuestiones que rara vez ocupan nuestra atención hasta que se produce una situación crítica.
Sin embargo, la seguridad en el entorno laboral empieza mucho antes de que ocurra una emergencia. Conocer los protocolos, identificar las rutas de evacuación y saber quiénes forman parte de los equipos de emergencia permite reaccionar con rapidez y evitar decisiones que pueden poner en peligro tanto nuestra integridad como la de los demás.
Para Amelia Córdoba, directora del Servicio de Prevención Mancomunado de Quirónsalud, la clave está en la prevención y en la coordinación. Mantener la calma, avisar cuanto antes y seguir las instrucciones del personal designado son los primeros pasos para afrontar una situación de este tipo.
Lo primero: mantener la calma y avisar
«Cuando una persona detecta una emergencia, la prioridad es comunicarla inmediatamente a través de los canales establecidos en su centro de trabajo para que se active el plan de emergencia. A partir de ese momento, debe seguir las instrucciones de los equipos de emergencia, evitando actuar por iniciativa propia si no cuenta con la formación necesaria», explica la especialista.
Si se ordena evacuar, hay que abandonar el puesto de trabajo con rapidez, pero sin correr, y dirigirse a la salida de emergencia más próxima siguiendo la señalización. No es el momento de recoger el ordenador, el abrigo o el bolso: detenerse a por objetos personales puede retrasar la evacuación y generar situaciones de riesgo.
Hay dos reglas que conviene recordar: durante una evacuación nunca se debe utilizar el ascensor ni regresar al edificio sin autorización expresa. Si hay humo, puede ser necesario avanzar agachado o gateando, donde el aire puede estar menos contaminado. Además, quienes estén acompañados de visitantes o personal externo deben ayudarles a seguir la ruta de salida.
La evacuación no termina al cruzar la puerta del edificio. Es necesario dirigirse al punto de reunión establecido y permanecer allí hasta recibir nuevas instrucciones. Ese lugar permite comprobar, en la medida de lo posible, que las personas han salido y facilita la coordinación de los equipos de emergencia.
«La planificación de las emergencias también debe contemplar las necesidades de las personas especialmente sensibles, incluyendo aquellas con movilidad reducida, discapacidad sensorial, enfermedades crónicas o cualquier otra circunstancia que pueda dificultar una evacuación autónoma», señala Gabriel Rodríguez del Río, responsable de Área de Seguridad y Sistemas de Gestión en PRL en Quironprevención. https://www.quironprevencion.com/es Conocer previamente estas situaciones, permite establecer medidas de apoyo, asignar recursos adecuados y garantizar que la respuesta ante una emergencia sea inclusiva y eficaz para todas las personas presentes en el centro de trabajo.

Las señales que debes conocer antes de necesitarlas
Una emergencia no es el mejor momento para descubrir cómo está organizado el edificio. Por eso, Córdoba recomienda familiarizarse previamente con los recorridos de evacuación y con los elementos básicos del plan de emergencia de la oficina.
Las señales de evacuación son verdes, con pictogramas y flechas que indican el recorrido hacia las salidas. Estas últimas se identifican mediante carteles específicos con las palabras «Salida» o «Salida de emergencia». Gracias a sus propiedades fotoluminiscentes, pueden seguir siendo visibles cuando falla el alumbrado.
También es importante conocer la ubicación del punto de reunión exterior, que debe encontrarse en una zona segura y puede estar dentro del recinto de la empresa o incluso en la vía pública.
A esta información se suman otros elementos que conviene localizar de antemano: quién es el jefe de emergencias, qué personas tienen funciones específicas, cuáles son los teléfonos de aviso y dónde están los pulsadores de alarma, los extintores, el botiquín y, si existe, el desfibrilador externo automatizado (DEA).
«Conocer dónde están estos recursos no significa que cualquier trabajador deba utilizarlos. La intervención debe ajustarse a la formación recibida y a las circunstancias de cada emergencia. La prioridad es evitar que una persona que intenta ayudar termine también en peligro», aclara Amelia Córdoba.
Qué hacer y qué evitar durante una evacuación
En una situación de tensión, los errores más habituales suelen ser también los más evitables. Correr, empujar, ignorar una alarma o retroceder para recuperar una pertenencia puede dificultar la salida de otras personas y aumentar el riesgo.
La experta insiste en la importancia de seguir la señalización y las instrucciones de los equipos de emergencia, caminar con rapidez sin correr y prestar atención a quienes puedan necesitar ayuda, como las personas con movilidad reducida o los visitantes que no conocen el edificio. Si alguien necesita asistencia, debe comunicarse la situación al jefe de emergencias para coordinar una respuesta segura.
También hay que evitar bloquear puertas y recorridos de evacuación, detenerse en las salidas o abandonar el punto de reunión antes de recibir instrucciones. La coordinación depende de que todos sigan el mismo procedimiento.
¿Y si la ruta habitual está bloqueada? En ese caso, hay que buscar una ruta alternativa señalizada y comunicar la incidencia cuanto antes al equipo de emergencias. Si no existe una alternativa, la recomendación es refugiarse temporalmente en una zona segura y comunicar la ubicación y la situación por los medios disponibles, siguiendo las instrucciones que se reciban.
Cuándo llamar al 112
Aunque cada centro dispone de su propio protocolo, hay situaciones en las que es necesario recurrir a los servicios públicos de emergencia. Según Córdoba, «una persona trabajadora sin funciones específicas en el plan debe llamar al 112 cuando no consiga localizar al jefe de emergencias o al personal designado y la situación requiera asistencia urgente de bomberos, servicios sanitarios, policía u otros servicios. También deberá hacerlo cuando así lo indique el responsable de la emergencia».
La llamada debe ser clara y aportar información útil para que los servicios puedan actuar. Es fundamental indicar la ubicación exacta, explicar qué ha ocurrido y especificar si se trata de un incendio, un accidente o una emergencia médica. Si se conoce, también debe comunicarse el número aproximado de afectados y su estado, así como los riesgos presentes: humo, sustancias peligrosas, personas atrapadas u otras circunstancias relevantes.
Por último, hay que facilitar un nombre y un teléfono de contacto y permanecer al teléfono hasta que el operador indique que se puede colgar. En una emergencia, ofrecer información precisa puede contribuir a que la asistencia llegue mejor preparada.
Un incendio no se afronta igual que una emergencia médica
Aunque ambas situaciones requieren rapidez, la respuesta debe adaptarse al tipo de emergencia.
En caso de incendio, la prioridad es alertar y facilitar una evacuación segura. La persona que detecte el fuego debe activar el procedimiento establecido y avisar cuanto antes a los equipos de emergencia. Si no dispone de formación adecuada, no debe intentar apagarlo: cualquier intervención que exponga a las llamas, al humo o a otros riesgos puede agravar la situación. Una vez avisados, deberá seguir las instrucciones de los equipos de emergencia.
En una emergencia médica, el objetivo es proteger a la persona afectada, avisar a los equipos de primeros auxilios y facilitar la asistencia sanitaria. Si no se consigue localizar al personal designado, debe llamarse al 112. Mientras llega la ayuda, solo se deben prestar primeros auxilios cuando se dispone de la formación adecuada. Tampoco debe moverse a la persona accidentada, salvo que exista un peligro inminente que lo haga necesario.
En ambos casos, actuar con rapidez no significa improvisar. Saber cuándo intervenir y cuándo dejar actuar a los profesionales forma parte de una respuesta segura.

Los simulacros salvan vidas
Conocer el plan de emergencia sobre el papel no siempre garantiza que se sepa aplicarlo bajo presión. Por eso, los simulacros son una herramienta esencial de prevención: permiten practicar la respuesta ante distintos escenarios, familiarizarse con los recorridos de evacuación y reconocer a las personas responsables de coordinar la actuación.
Además, sirven para comprobar si los procedimientos funcionan, detectar deficiencias y corregirlas antes de que se produzca una emergencia real. Para los equipos designados, son una oportunidad de entrenar las funciones que tienen asignadas; para el resto de la plantilla, ayudan a reducir la incertidumbre y a responder de forma más ordenada.
«Los simulacros son una herramienta fundamental, pero solo resultan plenamente eficaces cuando van acompañados de una formación previa de las personas trabajadoras adecuada y que dé la confianza necesaria para responder con rapidez y seguridad cuando más se necesita. La formación y los simulacros deben entenderse como acciones complementarias dentro de una misma estrategia preventiva», apunta el experto de Quirónprevención.
La preparación debe ser compartida. No basta con que los equipos de emergencias conozcan el protocolo: cada persona trabajadora debe saber qué se espera de ella y cómo contribuir a una evacuación segura.
Tres reglas de oro: proteger, avisar y socorrer
Si hubiera que resumir toda la actuación en tres principios, Córdoba recurre a la regla PAS: proteger, avisar y socorrer.
- Proteger: conocer previamente las rutas y los procedimientos, mantener la calma y evitar exponerse o exponer a otras personas a riesgos innecesarios.
- Avisar: comunicar la emergencia por los canales establecidos, activar el plan correspondiente y seguir las instrucciones de los responsables.
- Socorrer: ayudar a las personas que lo necesiten sin poner en riesgo la propia seguridad y prestando asistencia de acuerdo con la formación recibida.
La conclusión es sencilla: la seguridad en la oficina no empieza cuando suena una alarma, sino mucho antes. Identificar una salida, saber dónde está el punto de reunión y conocer a quién acudir son gestos cotidianos que apenas requieren unos minutos, pero que pueden resultar decisivos cuando cada segundo cuenta.
