La clase media de España pierde riqueza frente a Europa

La clase media pierde poder adquisitivo frente a sus vecinos europeos mientras el ladrillo dispara el ahorro de los jubilados.

La diferencia patrimonial con nuestros vecinos europeos se ha duplicado desde la pandemia debido al estancamiento de los salarios reales y al brutal encarecimiento del coste de la vida. En 2019, la riqueza de los españoles estaba a solo un 3% de convergir con la media continental, pero hoy cada ciudadano es un 8% más pobre que sus pares.

El Banco Central Europeo refleja en su estadística que el patrimonio neto por habitante en España ronda los 175.000 euros. Aunque supone un crecimiento del 29% desde antes del covid, el dato choca frontalmente con el avance del 37% registrado en la eurozona, relegando al país al decimoquinto puesto del ranking comunitario.

El castigo a los inquilinos

Este modelo de crecimiento penaliza con severidad a quienes viven de alquiler, obligados a destinar el grueso de sus ingresos a pagar por su vivienda. Desde 2019, la riqueza de este colectivo ha subido un escaso 15%, una cifra que queda sepultada por el 25% de inflación acumulada y los hace estadísticamente más pobres.

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La situación de la clase media tampoco invita al optimismo, ya que el estrato que agrupa al tercer quintil de renta solo ha visto avanzar su patrimonio un 21%. Esta cifra contrasta de forma dolorosa con la zona euro, donde este mismo grupo social ha disparado sus ahorros un 32% en el mismo periodo de tiempo.

La excepción de las rentas bajas

En el extremo superior, el «top 20%» más rico de España ha elevado su fortuna un 30%, superando los 570.000 euros per cápita gracias al ansiado «efecto riqueza» del sector inmobiliario. Sin embargo, siguen por debajo del vertiginoso ritmo de crecimiento del 37% que experimentan las grandes fortunas en el resto del continente.

Curiosamente, las clases populares españolas gozan de una posición mucho más saneada que la media continental. Mientras que los ciudadanos europeos con menos recursos acumulan unos 2.000 euros de deuda neta, los españoles en este segmento mantienen un saldo patrimonial positivo que ronda los 1.000 euros.

Brecha histórica con los jubilados

Este inusual saneamiento en la base de la pirámide se explica por el impacto directo de las ayudas públicas y las recientes subidas del salario mínimo. Los desempleados han disparado su riqueza neta un 63%, lo que les ha permitido cancelar deudas antiguas, aunque siguen sufriendo una fuerte restricción para acceder al crédito.

El mercado español lidera, para mal, otra estadística realmente alarmante: la enorme brecha generacional entre trabajadores en activo y retirados. La riqueza de los jubilados supera en un 206% a la de los asalariados, situándose en 295.000 euros frente a los escasos 96.000 euros que logran amasar los empleados actuales.

El incombustible refugio del ladrillo

Ningún otro gran país europeo sufre una fractura intergeneracional de esta magnitud, ya que en Alemania o Italia la diferencia se limita al 100%. Esta asimetría condena a los asalariados nacionales, que son un 18% más pobres que sus homólogos comunitarios, mientras que los pensionistas locales son un 13% más ricos.

En definitiva, los grandes ganadores de este ciclo económico son los pensionistas y los ciudadanos con vivienda en propiedad, dos colectivos que suelen solaparse. Sus patrimonios han crecido un 28% y un 34% respectivamente, mientras asalariados y autónomos ven impotentes cómo la inflación devora sus ajustados márgenes de ahorro.

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