La Agencia Internacional de la Energía ha advertido de que la paralización prolongada del estrecho de Ormuz podría volver a golpear con fuerza a la economía mundial. Su director ejecutivo, Fatih Birol, considera imprescindible recuperar completamente el tránsito marítimo durante las próximas semanas.
«Si el estrecho de Ormuz permanece cerrado, podríamos volver a tener dificultades para las economías mundiales, incluidas las de la región y los países en desarrollo», señaló Birol. La advertencia llega después de que el tráfico marítimo haya vuelto a desplomarse por la escalada entre Estados Unidos e Irán.
Solo siete embarcaciones atravesaron el estrecho durante la jornada del miércoles, frente a las trece registradas el día anterior. Entre ellas no figuraba ningún gran petrolero de crudo ni ningún buque dedicado al transporte de gas natural licuado.
Una arteria energética casi paralizada
Antes del conflicto, alrededor de 20 millones de barriles diarios atravesaban el estrecho de Ormuz. Sin embargo, el flujo medio cayó hasta los 2,7 millones de barriles diarios durante marzo, abril y mayo, según los cálculos de la AIE.
La agencia considera que la crisis ha provocado la mayor interrupción de suministro de la historia del mercado petrolero. Las pérdidas acumuladas de los productores de Oriente Próximo superan ya los 1.300 millones de barriles.
El canal marítimo también era utilizado para transportar cerca del 20% del suministro mundial de gas natural licuado. Su bloqueo afecta especialmente a las economías asiáticas dependientes de las exportaciones energéticas procedentes del golfo Pérsico.
Las reservas pierden capacidad de respuesta
La economía mundial consiguió absorber la primera fase de la crisis gracias a la liberación de reservas estratégicas, el aumento de la producción en otras regiones y una fuerte caída de la demanda. No obstante, buena parte de esos mecanismos de protección se está agotando.
Los países miembros de la AIE acordaron poner en el mercado 400 millones de barriles procedentes de sus reservas de emergencia. Cerca de tres cuartas partes de ese volumen ya habrían sido liberadas, reduciendo el margen disponible ante una nueva interrupción prolongada.
La tensión también se ha trasladado a los combustibles refinados. Aunque los precios del crudo se moderaron tras el alto el fuego provisional, la recuperación de la gasolina y el diésel ha sido más lenta y los márgenes de refino han alcanzado máximos de cuatro años.
Riesgo para la inflación y el crecimiento
Una nueva subida prolongada del petróleo elevaría los costes del transporte, la industria y la producción de alimentos, además de alimentar nuevamente la inflación. Las economías importadoras y los países en desarrollo serían los más expuestos por su menor capacidad para subvencionar la energía o recurrir a reservas estratégicas.
La AIE había observado una recuperación de los envíos durante junio, coincidiendo con el acuerdo provisional entre Estados Unidos e Irán. Sin embargo, la reanudación de los ataques vuelve a poner en peligro esa mejora y obliga a revisar cualquier previsión de normalización del mercado energético.
Para Birol, la prioridad es restablecer una circulación completa, estable y sin condiciones por el estrecho. Si la crisis se prolonga durante meses, el problema dejaría de limitarse al suministro de petróleo y gas para convertirse en una amenaza directa para el comercio, los precios y el crecimiento mundial.
