La persistente volatilidad de los mercados energéticos en Europa y los cambios en el sistema eléctrico de España han puesto la atención empresarial en el coste de la energía. Sectores intensivos en tecnología y digitalización se ven especialmente afectados.
Informes recientes indican que el precio de la electricidad en España sufrió fuertes oscilaciones, incrementándose en algunos periodos recientes por encima de dos dígitos interanuales debido a la tensión geopolítica, el precio del gas y ajustes regulatorios. Según Red Eléctrica, la energía pasó de 53,4 €/MWh en 2019 a 83,7 €/MWh en 2025, un aumento del 56,7%.
El Barómetro Energético de la Asociación de Empresas con Gran Consumo de Energía (AEGE) muestra que los costes eléctricos varían entre países europeos según la metodología de cálculo. En España, los costos para industrias electrointensivas han sido un 167% mayores que en Francia.
Consumo tecnológico y eficiencia
La empresa Qualiteasy Internet Solutions, quien distribuye en exclusiva las soluciones de Faronics en España, destaca que la eficiencia en el uso de energía es crucial. La optimización del consumo tecnológico puede tener un impacto relevante en las facturas energéticas.
Ignasi Nogués, Chief Growth Officer de Qualiteasy, menciona que las infraestructuras TIC ofrecen oportunidades de ahorro mediante el control automatizado del consumo de energía, lo que es vital durante periodos de baja actividad para reducir costos.
En muchos entornos, el consumo de sistemas TIC no está tan ligado a la actividad productiva, sino a patrones de uso y gestión operativa. Equipos que permanecen encendidos fuera del horario laboral o en periodos de baja demanda son ejemplos comunes.
Medidas para optimizar el consumo
Expertos en eficiencia energética sugieren políticas de apagado automático de equipos fuera del horario laboral y la adecuación de los horarios de encendido según la actividad real. También recomiendan el uso de herramientas de monitorización para mejorar la visibilidad del consumo energético.
Centralizar la gestión de políticas en entornos distribuidos y ajustar el número de equipos activos a la ocupación real pueden reducir el consumo innecesario. Estas prácticas ayudan a aumentar la eficiencia operativa sin comprometer la disponibilidad de sistemas.
Reducir consumos no esenciales es clave para minimizar el impacto en la factura energética, especialmente en sectores con infraestructuras distribuidas como aulas o oficinas compartidas, logrando así una operación más eficiente y sostenible.
