La nueva sede global de Corporación Hijos de Rivera en A Coruña no se entiende solo como un edificio corporativo. Se plantea como una forma de trabajar. Frente a su fábrica del polígono industrial de Agrela y al museo Mundo Estrella Galicia MEGA, la compañía ha creado un espacio que conecta oficina, memoria industrial y cultura empresarial.
La elección del lugar marca el relato. El edificio ocupa un antiguo almacén de grano en un entorno vinculado al crecimiento de la empresa familiar gallega. La sede se levanta, además, en la calle José María Rivera Corral, fundador del proyecto empresarial que dio origen a Hijos de Rivera.

El resultado es una oficina que no busca separarse de la fábrica, sino convivir con ella. Esa proximidad convierte Agrela en algo más que una ubicación. Funciona como kilómetro cero de una compañía que cumple 120 años y que quiere proyectarse al futuro sin diluir su origen.
Una oficina construida sobre el origen
El proyecto, firmado por Manuel Gallego Jorreto y Pablo Gallego, suma más de 14.000 metros cuadrados construidos sobre una parcela de más de 18.000. El edificio integra oficinas, salas de reuniones, zonas de formación, espacios institucionales, showrooms, áreas verdes y zonas de descanso.

El corazón de la sede es un hall de trabajo situado en el centro del edificio. Ese espacio ordena la vida interna y funciona como punto de conexión entre equipos, recorridos y áreas de actividad. La arquitectura favorece una lectura abierta del trabajo, más próxima a la colaboración que a la compartimentación.
Las áreas de trabajo, la planta alta y los espacios de descanso refuerzan esa idea. La sede está pensada para reunir a más de 350 personas en un entorno donde la oficina no actúa solo como puesto operativo, sino como lugar de encuentro, representación y pertenencia.
Luz, vegetación y bienestar
La luz natural tiene un papel central en el proyecto. Las grandes fachadas acristaladas y los seis lucernarios permiten crear espacios abiertos de hasta 13 metros de altura. La escala del edificio aporta amplitud, pero también reduce la sensación de oficina cerrada.

La vegetación funciona como parte de la experiencia diaria. La sede incorpora dos patios interiores con plantas, un jardín con 150 árboles de 12 especies distintas y una laguna que recoge el agua de lluvia. La zona exterior, denominada La Pradera, extiende el espacio de trabajo hacia el entorno.
La sostenibilidad aparece también en la parte técnica. El edificio cuenta con ventilación, aislamiento, suelo radiante, geotermia mediante 42 pozos y 480 paneles solares. Un sistema de control avanzado ajusta automáticamente la iluminación y el consumo energético según la ocupación.

Una cultura familiar en clave global
«En los últimos años hemos crecido mucho, y han cambiado muchas cosas, pero lo importante se mantiene: seguimos siendo una empresa familiar, independiente, gallega y con propósito», ha afirmado Ignacio Rivera, presidente ejecutivo de Corporación Hijos de Rivera, durante la inauguración. La frase resume el sentido de una sede que convierte la identidad en espacio físico.
«Nuestro objetivo está en el largo plazo: pensamos en décadas, no en años», ha resumido Ignacio Rivera, presidente ejecutivo de Corporación Hijos de Rivera. Desde esa perspectiva, la sede no actúa como cierre de una etapa, sino como punto de partida para ordenar el crecimiento global desde A Coruña.

En la entrada principal, un busto recuerda a Ramón Rivera Illade, hijo del fundador y uno de los primeros maestros cerveceros de España. Su presencia en el acceso principal refuerza una idea que atraviesa todo el edificio: trabajar hacia el futuro sin dejar fuera la memoria que explica a la compañía.
Materiales, movilidad y relación con el barrio
La construcción ha priorizado proveedores de proximidad y materiales con criterios ambientales. Entre ellos figuran madera FSC, materiales reciclados, soluciones de origen local y granito de Lalín con certificación Ecolabel. La sede incorpora así una lectura sostenible que no se limita al consumo energético.

La movilidad también forma parte del diseño. El edificio dispone de aparcamientos para bicicletas, puntos de recarga para vehículos eléctricos y espacios para vehículos compartidos. Estas decisiones convierten la sede en una pieza más integrada en el día a día del polígono de Agrela.
