Hay oficinas que representan a una empresa y otras que consiguen trasladar su filosofía a cada rincón. La nueva sede global de On Running, en Zúrich, pertenece a esta segunda categoría. La marca suiza de calzado deportivo ha llevado su vínculo con el running al espacio de trabajo con una propuesta que convierte la arquitectura en una experiencia: una ruta de montaña que atraviesa 17 plantas y conecta las distintas formas de trabajar.
El proyecto, firmado por Specific Generic y Spillmann Echsle Architekten, ocupa 15.000 metros cuadrados y responde al crecimiento de la compañía. Pero el reto no consistía únicamente en ampliar sus instalaciones. La intención era construir un entorno funcional y flexible que reflejara los valores de On y acompañara la evolución de su equipo.

Una montaña dentro de la oficina
La idea que articula el proyecto es tan sencilla como reconocible: recorrer el edificio como si se ascendiera por una montaña. Un sendero inspirado en los caminos alpinos conecta las 17 plantas y convierte los desplazamientos cotidianos en parte del concepto arquitectónico.
La experiencia cambia a medida que se gana altura. Las primeras plantas recurren a tonos terrosos y formas contundentes, mientras que los niveles superiores evocan bosques, lagos, nubes y la sensación de encontrarse cerca del espacio. El recorrido no se limita a conectar espacios: construye una narrativa que acompaña al empleado durante la jornada.
Esta interpretación de la naturaleza responde también a la identidad de una marca que ha hecho del movimiento su territorio. En On Labs, esa idea deja de estar presente únicamente en el producto para trasladarse al lugar donde se toman decisiones, se desarrollan nuevas ideas y se construye la cultura corporativa.

Trabajar de muchas maneras
La sede se organiza en distintos vecindarios de tres plantas, cada uno con espacios destinados a diferentes actividades. Las áreas de concentración conviven con zonas sociales y entornos colaborativos, de manera que los empleados pueden elegir dónde trabajar según las necesidades de cada momento.
La flexibilidad también está presente en el diseño interior. Las paredes móviles permiten transformar las oficinas y adaptar su distribución a diferentes usos. En la biblioteca, las estanterías pivotantes funcionan como separadores y permiten crear espacios más recogidos para reuniones informales. En el departamento de diseño, la doble altura da cabida a pequeñas estructuras arquitectónicas que favorecen un entorno más experimental.
La propuesta entiende así la oficina como un espacio que debe adaptarse a las personas, y no al contrario. No todos los trabajos requieren el mismo nivel de concentración ni todas las conversaciones necesitan una sala de reuniones. La arquitectura ofrece distintas posibilidades para que cada equipo encuentre su propio ritmo.

Materiales que conectan con el origen
La naturaleza también se expresa a través de los materiales. El hormigón, la madera de roble, el acero inoxidable y las piedras se presentan con acabados que conservan su carácter original. La intención es evitar una estética excesivamente pulida y mantener una conexión visual con el entorno natural que inspira el proyecto.
Algunos elementos adquieren un valor especial. Una gran mesa fabricada a partir de una sección de tronco convierte la madera en protagonista del espacio. En el jardín de piedras, las rocas recogidas en los Alpes crean un lugar de reunión y pausa. En otra zona, un pino suspendido entre dos plantas introduce una referencia directa al paisaje forestal.
La identidad de la compañía aparece también en detalles más específicos. En el bar, una instalación luminosa reproduce en tres dimensiones el trazado de una carrera de montaña. En las salas de conferencias, los mapas topográficos se traducen en patrones para alfombras y tapicerías. El resultado evita recurrir únicamente a logotipos o mensajes corporativos: la marca se reconoce a través de la experiencia del espacio.
Bienestar más allá del discurso
El movimiento no es solo una referencia estética. El proyecto incorpora recursos que buscan integrarlo en la rutina laboral. Las mesas regulables en altura están presentes en el 95% de las salas de reuniones, mientras que el gimnasio interno y los puntos de agua refuerzan la presencia de hábitos asociados a la actividad física.
La sede reúne, además, una amplia variedad de usos: salas de conferencias, bar, comedor, laboratorio, talleres, estudios, biblioteca, espacio expositivo y jardín en la azotea. El edificio no se concibe como una sucesión de puestos de trabajo, sino como un entorno donde conviven las tareas individuales, el intercambio de ideas y los momentos de desconexión.
La alimentación también forma parte de esa visión. La oferta gastronómica de On Labs es de origen vegetal y el jardín de la cubierta incorpora hierbas, frutas y bayas. Son decisiones que amplían el concepto de bienestar más allá del mobiliario y lo integran en distintos momentos del día.

Una cultura corporativa que se recorre
On Labs demuestra que una sede corporativa puede ser mucho más que una dirección global. Su diseño traduce los valores de la compañía en decisiones concretas: un recorrido que invita a moverse, espacios que se adaptan a diferentes tareas y materiales que conectan el interior con la naturaleza.
La colaboración con el equipo interno de On ha permitido desarrollar un proyecto en el que arquitectura, diseño y cultura empresarial avanzan en la misma dirección. Incluso el espacio expositivo, que muestra el primer prototipo de zapatilla de la marca, incorpora la historia del producto a la experiencia cotidiana de los empleados.
En Zúrich, la oficina no se limita a albergar el trabajo. Lo interpreta. Y, como en una ruta de montaña, cada planta propone una nueva perspectiva.
