Sobrevivir al viernes 13 solo era el calentamiento. Mañana es sábado 14 de febrero, y aunque el calendario exija romanticismo, lo que verdaderamente apetece después de una semana de alta tensión es excelencia sin fisuras.
Cuando el tiempo libre es el bien más escaso, no hay margen para el error. San Valentín no va de osos de peluche ni de menús degustación interminables que parecen un examen. Va de volver a los clásicos. De cruzar una puerta y saber que todo va a funcionar a la perfección.
Para este Out of Office, hemos seleccionado tres planes tradicionales y sofisticados. Lugares donde el servicio, la atmósfera y el buen gusto justifican la reserva.
1. La Cena Intocable (El Gran Comedor)
Hay una tendencia de vuelta a los orígenes, a la sala, al maître que te llama por tu apellido y a los carros de servicio. El romanticismo clásico exige manteles de hilo y luz indirecta. Seamos, por un día, conservadores de estilo.
- En Madrid: Saddle. La herencia de Jockey sigue intacta. Pedir el lenguado meunière o dejar que preparen el steak tartar a la vista es un espectáculo de elegancia. Otra opción infalible es Horcher, donde el tiempo parece haberse detenido (en el mejor de los sentidos).
- En Barcelona: Vía Veneto. El clásico entre los clásicos. Dalí tenía mesa fija aquí por algo. El pato a la presse y su legendaria bodega garantizan una noche donde el estatus y la gastronomía se dan la mano.

2. El Santuario Urbano
A veces, el mejor plan de pareja no es hablar, sino compartir el silencio. Un spa de lujo en el corazón de la ciudad es el cortafuegos perfecto entre la semana y el fin de semana. Es un reseteo espiritual.
- En Madrid: El Spa del Four Seasons. Cuatro plantas dedicadas al bienestar absoluto. Después del tratamiento, subir a la terraza de Dani Brasserie a ver atardecer sobre los tejados de la ciudad lo convierte en un plan redondo.
- En Barcelona: El spa del Mandarin Oriental. Un refugio subterráneo, minimalista y oscuro, diseñado para que el ritmo cardíaco baje en el momento en el que cruzas el umbral.

3. La Alta Cultura
Vístete para la ocasión. Hay pocas cosas que transmitan más sofisticación que una noche de ópera, ballet o música clásica. Es el plan tradicional por excelencia, un homenaje a la estética y al arte.
- En Madrid: El Teatro Real. Llegar con tiempo, pasear por sus salones y tomar una copa en el entreacto observando el ambiente es parte inseparable de la experiencia.
- En Barcelona: El Gran Teatre del Liceu. La joya de La Rambla. La majestuosidad de su sala principal envuelve cualquier velada en un aura puramente cinematográfica.

