El brazo inversor nipón ha reanudado las conversaciones con un pool bancario para levantar un préstamo de 10.000 millones de dólares (unos 8.700 millones de euros) utilizando como aval su codiciada participación en OpenAI. La noticia ha bastado para encender los ánimos en el parqué, disparando sus acciones un 2,3% y superando con creces el rendimiento general del índice Nikkei.
Este movimiento demuestra hasta qué punto Masayoshi Son está dispuesto a apalancar la compañía para no perder comba en la carrera algorítmica. No se trata de una línea de crédito tradicional; es una prueba de fuego para comprobar cómo los bancos valoran a los grandes «unicornios» privados de la IA, unos activos ilíquidos que resultan muy complejos de vender rápidamente si vienen curvas en los mercados.
El salvavidas de la garantía corporativa
La operación se atascó inicialmente porque gigantes financieros como Goldman Sachs o JPMorgan fruncieron el ceño ante la idea de aceptar únicamente las acciones de la creadora de «ChatGPT» como aval de rescate. Ante este bloqueo, la matriz ha ajustado su jugada y ahora pone sobre la mesa una garantía corporativa directa, asumiendo la responsabilidad del reembolso desde sus propias cuentas si el valor de OpenAI no fuera suficiente.
Para los inversores, este crédito es el termómetro de una ambición mastodóntica. SoftBank ya ha comprometido más de 60.000 millones de dólares en el ecosistema generativo y en infraestructuras clave como el proyecto «Stargate», tejiendo una red de centros de datos junto a Oracle. Toda esta expansión de hardware y talento se está regando a golpe de deuda.
Todo al rojo en la ruleta tecnológica
La agresividad de esta hoja de ruta dibuja un escenario binario. Si la tracción de OpenAI no frena y la empresa logra una salida a bolsa con una valoración histórica, la participación de SoftBank se convertirá en la joya de la corona del panorama tecnológico global. Sin embargo, este fuerte apalancamiento convierte a la compañía en un gigante vulnerable ante cualquier cambio en el sentimiento del mercado.
Los analistas ya marcan en rojo el perfil de riesgo de esta estrategia. Gil Luria, de DA Davidson, define la posición del fondo como una «apuesta altamente apalancada en la IA» con tanto margen de beneficio como peligro estructural. En el otro extremo del espectro, el analista Richard Windsor advierte que, si el modelo de negocio de OpenAI tropieza, se podría desatar fácilmente una «crisis de liquidez» en la tesorería de SoftBank.
