Entramos en el Centro Financiero Cajamar como quien accede a una sede corporativa, pero también a una pieza de paisaje. El edificio se levanta en el Parque Científico-Tecnológico de Almería (PITA), al noreste de la ciudad, con una presencia que no intenta aislarse del entorno, sino incorporarlo a la experiencia de trabajo.
La sede ha ganado dos premios en la X edición de los Premios de la Asociación Española de Oficinas: Mejor Obra Nueva e Innovación. Los galardones reconocen un proyecto que ha competido en una edición con más de 406.000 metros cuadrados de oficinas y 22 candidaturas.

El recorrido empieza por una idea clara: reunir los servicios centrales de la entidad en un único complejo.
Una sede organizada como campus
El edificio no se presenta como un bloque cerrado. El programa de oficinas se organiza en una serie de prismas en forma de peine, una solución que permite introducir luz, abrir vistas y evitar la sensación de una gran pieza compacta. Desde distintos puntos del conjunto aparece el horizonte, con el mar como referencia visual.
Ese planteamiento convierte el vestíbulo en algo más que una zona de paso. El gran espacio funciona como lugar de encuentro entre los distintos brazos del edificio. Ahí se cruzan circulaciones, accesos y usos, con una lógica más cercana a una pequeña ciudad interior que a una oficina convencional.

El complejo cuenta con 76.800 metros cuadrados articulados en torno a seis edificios conectados por un único vestíbulo de grandes dimensiones y una gran avenida que conduce al salón de actos.
Luz, lamas y clima de Almería
La fachada explica buena parte del carácter del proyecto. El centro combina vidrio de altas prestaciones, lamas de aluminio, voladizos de hormigón prefabricado y protecciones solares adaptadas a cada orientación. La arquitectura no trata el sol como un problema, sino como una variable de diseño.
En una ciudad como Almería, esa decisión resulta clave. Las protecciones solares permiten controlar la radiación directa, aprovechar la luz natural y mejorar el confort interior. La envolvente actúa como filtro entre el exterior y los espacios de trabajo, con una lectura técnica y estética al mismo tiempo.
El conjunto genera una imagen reconocible por sus lamas verticales, sus planos acristalados y sus volúmenes fragmentados. La sede proyecta una identidad sobria, pero no neutra. Cajamar aparece así asociada a una arquitectura funcional, tecnológica y muy vinculada al territorio donde nació el grupo.

Trabajo, descanso y paisaje
Uno de los puntos más interesantes del proyecto está en la relación entre interior y exterior. Las fachadas orientadas hacia el mar se replican dentro del vestíbulo, lo que refuerza el diálogo entre trabajo y descanso, espacios privados y zonas compartidas.
Esa idea tiene una lectura directa para el usuario. La oficina ya no se entiende solo como una sucesión de puestos de trabajo. También incorpora zonas de transición, recorridos, vistas, espacios exteriores y áreas de encuentro. El edificio busca que la jornada se organice con más capas que la mesa, la sala de reuniones y el pasillo.
Una oficina con certificaciones
El Centro Financiero Cajamar suma además una lectura medioambiental. El edificio ha obtenido la certificación LEED Oro, mientras que Grupo Cajamar destaca la certificación energética A y las certificaciones medioambientales y de bienestar laboral LEED Platino y Well.
La utilización de elementos prefabricados permitió reducir costes y plazos de ejecución, además de reforzar una construcción más eficiente. El proyecto parte de una geometría sencilla, pero la usa para ordenar una sede de gran escala con criterios de racionalidad constructiva.
La sede de Cajamar deja una conclusión clara: una oficina corporativa puede ser también una declaración de identidad. En Almería, el grupo financiero ha levantado un campus que integra arquitectura, eficiencia, paisaje e innovación para convertir el lugar de trabajo en parte de su posicionamiento.
